Las flores del cerezo

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Bella por su tratamiento dramático, la nueva película de Dörrie nos arrastra a pensar la muerte, la culpa, los sueños inconclusos, la fugacidad y la angustia de darse cuenta de la necesidad del otro, cuando ese otro ya no está.

LAS FLORES DEL CEREZO (Kirschblüten – Hanami) Alemania-Francia, 2008. Dirigida por Doris Dörrie, con Elmar Wepper, Hannelore Elsner, Aya Irizuki, Maximilian Brückner, Nadja Uhl, Birgit Minichmayr, Felix Eitner, Tadashi Endo, Sarah Camp, Floriane Daniel.

Tercera película que la realizadora alemana filma en Japón. Inspirada en “Cuentos de Tokio” de Ozu (1953), Las flores del cerezo es una historia de Occidente que viaja a Oriente y de Oriente a Occidente. Una pérdida inesperada motiva a un hombre para que viaje de Alemania a Japón en busca de su hijo menor, pero las cosas se complican y no le queda otra salida que recorrer Tokio. Allí conoce a Yu, una joven bailarina de Butoh que se interesa por él, a pesar de que no hablan la misma lengua.

Doris Dörrie es una gran artista, la única cineasta  femenina de Alemania que ha realizado -en un período de 20 años- largometrajes de significativo impacto en distintos países (“Sabiduría garantizada”, Hombres, hombres”, “Yo y él”, “Nadie me quiere”, “¿Soy linda?”, “Desnudos” y otras)

Las flores del cerezo está estructurada narrativamente de manera clásica y se desarrolla íntegramente en el plano de lo emotivo. A partir de ahí, la realizadora traza cierto egoísmo generacional y crea una distancia entre hijos y padres que servirá como motivo central para generar una búsqueda interna y emotiva.

Bella por su tratamiento dramático, la nueva película de Dörrie nos arrastra a pensar la muerte, la culpa, los sueños inconclusos, la fugacidad y la angustia de darse cuenta de la necesidad del otro, cuando ese otro ya no está.

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