Antes de la tercera

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(Muestra de cine independiente del centro)

Un día de cortos que recuerdan lo que fue y anticipan lo que vendrá en el 2011. Teatrino de la Trapalanda.

Jueves 23 de septiembre a las 20 30.

Organiza Cátedra de Comunicación Videográfica FCH UNRC. Adhiere: CICOM. (centro de Investigación en Comunicación) Departamento de Ciencias de la Comunicación. Auspicia: Núcleo Producciones. Latita Producciones

Pre – estreno de Curapaligüe memorias del desierto – Una película de Sergio Schmucler


I

“Los procesos de degradación de tierras afectan a la mitad de la superficie del país, donde habita el 30% de su población.

Más allá de los procesos naturales, la profunda devastación es nuestra absoluta responsabilidad.”

(Bióloga Mariana Martinelli)

“¿Qué quieren que haga con el agua, que me la tome?”

(Gobernador Ramón Mestre, a los intendentes de la zona inundada en el sur de la provincia, 1998)

El tema de la película es la desaparición de poblaciones rurales producida por causas evitables y el Derecho Humano más elemental, el de vivir en la tierra de nacimiento.

Si un pueblo desaparece, la humanidad sufre una pérdida incalculable, porque cada cultura es única e irrepetible.

Cuando la Naturaleza destruye, se le llama tragedia. Cuando las razones de desaparición de un pueblo son decisiones políticas  u omisiones disimuladas, se le llama culturicidio, que es una de las formas del genocidio.

Lo que ocurre en nuestro país, con cientos de pueblos que se diluyen, sólo es comparable con lo que ocurrió y ocurre en otros contextos históricos y geográficos: el destierro de los Quilmes, la desaparición de aldeas judías en Polonia o Bielorrusia, la migración forzada por razones económicas de millones de africanos, asiáticos y latinoamericanos.

En un mundo en el que la lógica global parece haber conquistado todos los aspectos de la vida, es imperioso defender las culturas locales, las diferentes vidas posibles.

II

Al monte de Caldén habitado por ranqueles, el conquistador -el del siglo XVI y también el del XIX-, lo llamó “desierto” y de esa manera justificó el desarraigo.

A 20 años de la “campaña al desierto” las tierras de Curapaligüe, “limpias de monte”, se ofertaban a los migrantes europeos.

Después comenzó el abandono del campo, la inundación y la pérdida del suelo: ya no había caldén que amortiguara.

El pueblo no resistió los noventas. A esta altura de la historia, ni pueblos originarios, ni caldenes, ni Curapaligüe

(Mariana martinelli)

“No se cambia de morada con ligereza, porque no es fácil abandonar

el propio mundo. La habitación no es un objeto: es el universo que el

hombre se construye imitando la creación de los dioses, la

cosmogonía”

(Mircea Eliade)

Curapaligüe se encuentra en el profundo sur de Córdoba, en lo que los ranqueles llamaban Mahuel Mapu, la comarca de los montes.

Hoy son ruinas cubiertas por una densa capa salitrosa.

De ese pueblo abandonado, de sus hombres y mujeres, trata nuestra historia.

Ochenta años le tomó a Curapaligüe nacer, vivir y morir. En su efímero devenir sintetiza el drama de cientos de poblaciones argentinas. Cada año, desde 1980, desaparecen en promedio 20 pueblos.

El nombre que usaban los ranqueles para denominar la zona se debía a la presencia de extensos montes de Trümpel Witrú, el caldenal.  Único en el mundo.

La madera del milenario árbol autóctono sirvió primero para calentar hogares y calderas y después para recubrir el piso de cientos de departamentos y residencias elegantes de Buenos Aires.

Desaparecidos los árboles, la tierra empezó un lento pero persistente proceso de desertificación.

El Estado fue ciego frente a la devastación. No realizó las obras necesarias para impedir que el suelo se inundara, una y otra vez.

Todo empujaba al desarraigo: se cerró la escuela, no había dispensario médico, ni luz eléctrica, ni caminos sólidos, ni iglesia,  ¿por qué quedarse en un pueblo que ni siquiera tenía un cementerio donde querer a sus muertos?

Menem ayudó sentenciando de absurda muerte al ferrocarril.

El sueño del Progreso, que los hizo levantar muros, se volvió la pesadilla que ochenta años después los impulsó a desarmarlos para trasladar sus casas, ladrillo por ladrillo.

Así, Curapaligüe un día se volvió fantasma, ruinas, polvo y soledades.

Ficha técnica

Largometraje digital de 65 minutos de duración

Producido con el apoyo del INCAA, entre 2009 y 2010.

Basado en el libro: “Curapaligüe, memorias del desierto” de Ricardo Martinelli.

Animaciones: Juan Barberis y Emanuel Figueroa

Narrador: Mariano Muñoz

Sonido: Atilio Sánchez

Cámara: Germán Saretti

Correción de color: Marcos Rostagno

Producción de campo: Simón Muzart

Música: Trío Viruta, de General Levalle

Investigación, guión, edición, producción y dirección: Sergio Schmucler

2 Comentarios

  1. Me siento muy identificada con la temática porque nací en un pueblo y aunque no se convirtió en fantasma, muy lejos está de eso, gracias a Dios. Recuerdo con mucha nostalgia algunas cosas que ya no existen como el ferrocarril y extensas plantaciones de frutas, por ejemplo.

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