LAS DIVAS ERÓTICAS CUMPLEN 80 AÑOS (I): SOFÍA LOREN.

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SOFÍA LOREN EN DOS MUJERES (con Eleonora Brown)

Por Amílcar Nochetti. Crítico de cine, miembro de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay.

El sábado 20 de setiembre cumplió 80 años Sofía Loren. Así como lo escribo: Sofía, no Sophia como insisten en Hollywood, lugar donde reinventan y revenden como propias las mitologías ajenas. La diva ha sido rotunda respecto a sus orígenes al declarar: “Soy una italiana nacida en Roma, pero mi nacionalidad verdadera es napolitana”.

DATOS DE UNA DIVA. Está claro que Sofía, gran diva del cine europeo, es prototipo de la belleza mediterránea. Silvana Mangano fue igual de bonita y mejor actriz, y Claudia Cardinale aportó la más arrolladora sensualidad de la época, pero lo de la Loren era otra cosa: un ejemplo de mujer que recorrió el azaroso camino que va desde una simpática vulgaridad inicial al actual estatus de gran dama del jet set. Hay datos que permiten comprender la construcción del mito, y casi todos nacen de su presencia: grandes ojos enfatizados por el lápiz negro; opulenta cabellera renacentista; labios gruesos que ocultan unos dientes que se adivinan carnívoros; y unas medidas para el mejor de los infartos (95-58-95), lo cual dio la razón a Cary Grant cuando declaró que “Sofía tiene la simetría armoniosa de un ánfora etrusca”.

Las cifras por sí mismas no bastarían, de todas formas. Pero cuando Sofía caminaba esos números hablaban al compás de un ritmo tan elástico como cautivador. El modo de andar de la Loren era más primitivo que el de sus colegas rivales Mangano y Cardinale (pero también Gina Lollobrigida y Silvana Pampanini), y resultaba por ello mucho más natural (es decir más alcanzable, más tocable) para el sector masculino de la platea. Pero para la construcción del mito no hubieran bastado sus dotes naturales y su esfuerzo profesional. Sofía necesitó dos hombres que marcarían a fuego su vida.

 SOFÍA LOREN JOVEN Y SEXY

DATOS DE UNA VIDA. Había nacido el 20 de setiembre de 1934 en Roma, hija de un ingeniero que abandonó a la familia al nacer su hermana menor, María. Fue educada por su madre cerca de Nápoles. Su niñez convive con la guerra, es decir, con el hambre, la pobreza, los pies desnudos en las calles sucias de los barrios casi marginales. La diva ha contado que para salvarse de los bombardeos la familia llegó a dormir en húmedos y oscuros túneles. Finalizada la contienda se enamoró del cine estadounidense. A los 15 años comenzó a hacerse notar en concursos de belleza y a los 17 logró un rol como extra en Quo Vadis? de Mervyn LeRoy, que se estaba filmando en Cinecittà, al tiempo que participaba en populares fotonovelas.

     Y en ese momento apareció el primer hombre de su vida. Carlo Ponti, productor asociado a Dino DeLaurentiis, conoció a Sofía en 1952. Él tenía 40 años, ella 18. Como resultado de ese encontronazo llegó el escándalo: Ponti se separó de su esposa y pasó a vivir con la prometedora joven, con la que se casaría en México en 1957, ya que en Italia aún no existía la ley de divorcio. Ponti se convirtió de inmediato en su mentor y la modeló hasta convertirla en lo que hoy es: la dama del cine. Una vez más se repetía el mito de Pigmalión y Galatea. La estrategia de Ponti dio notables resultados: entre 1952 y 1957 Sofía intervino en 23 películas, la mayor parte de ellas de irregulares a mediocres, aunque todas con cierto impacto en su época. El lema de Ponti era claro: “No importa en qué clase de  productos te vean, importa que te vean de continuo”. Más allá de la ayuda del productor, lo conseguido por Sofía es un premio al tesón, porque esos pequeños roles le permitieron ganar experiencia y abrirse camino. Una temprana oportunidad de lucimiento llegó en 1954 con Carrusel napolitano de Ettore Giannini, comedia musical en la que figuró por primera vez en un papel de cierta importancia.

     Y allí apareció el segundo hombre de su vida. El realizador Vittorio De Sica sería el encargado de crear y profundizar el prototipo de la Loren, como joven provocadora y generosa, con algo de inocencia y mucha seducción. Primero la cimentó en el mercado nacional, y cuando Ponti logró proyectarla a Hollywood en 1957, De Sica se encargó de convertirla en una verdadera actriz dramática: la dirigió ocho veces en 20 años, y además actuó junto a ella otras seis entre 1954 y 1958, en especial en films exitosos de Alessandro Blasetti (Lástima que seas tan canalla, Tiempos nuestros) y Mario Camerini (La bella molinera). Fue De Sica quien la llevó a la gloria máxima en 1960 en el segundo film en que la dirigió, Dos mujeres, una obra de notable calidad basada en novela de Alberto Moravia, que propició uno de las dos mejores roles de su carrera. Allí Sofía dejó de ser la hermosa hembra mediterránea para transformarse en una viuda joven que sufría las desgracias de la guerra: sin ninguna exuberancia corporal, encaró un personaje de honda repercusión dramática y se convirtió en una actriz dúctil que a partir de entonces sabría cómo enfrentarse a dramas y comedias, a cine épico y cine social, a films de aventuras y policiales. De Sica, clara figura paterna para Sofía, terminó de cincelar en pantalla aquello que Ponti proyectaba en la vida privada y el show business. Lo hizo mediante sucesivas labores para films tan disímiles como Los condenados de Altona, Ayer hoy y mañana, Matrimonio a la italiana y Los girasoles de Rusia. Y Sofía proyectaría el legado de De Sica en su segunda labor magistral: la que dio a Ettore Scola en Un día muy especial (1977), como fatigada ama de casa que en los años del fascismo vislumbra otra posibilidad existencial debido a un fugaz contacto con un intelectual homosexual que huye del régimen.

GLAMOUR Y HOLLYWOOD. A esas alturas la Loren se había convertido en una auténtica estrella internacional. Veinte años antes Carlo Ponti había logrado introducirla en Hollywood, y eso la proyectó a niveles siderales. Allí compartió pantalla con todos los actores clase A de la época: Alan Ladd (La estatua desnuda), John Wayne (La leyenda de los perdidos), Cary Grant y Frank Sinatra (Orgullo y pasión), Anthony Perkins (Deseo bajo los olmos), Anthony Quinn (Orquídea negra, Su pecado fue jugar), William Holden (La llave), Clark Gable (La bahía de los ensueños), Charlton Heston (El Cid), Alec Guinness, James Mason, Christopher Plummer y Omar Sharif (La caída del imperio romano), George Peppard (Operación Crossbow), Gregory Peck (Arabesque), Paul Newman y David Niven (Lady L), Marlon Brando (La condesa de Hong Kong), Peter O’Toole (El hombre de la Mancha) y Richard Burton (Breve encuentro). Ninguno de esos títulos está al nivel de sus mejores films italianos, pero fue debido a ellos y a sus directores (Henry Hathaway, Stanley Kramer, Sidney Lumet, Carol Reed, Anthony Mann, Stanley Donen, Charles Chaplin) que terminó convertida a los 40 años de edad en una gran dama del jet set. Es decir, una intocable.

     Con dos actores cimentó una fuerte amistad (Cary Grant, Gregory Peck), pero si hay un intérprete que quedó vinculado para siempre a Sofía fue sin duda alguna Marcello Mastroianni, su mejor amigo. Con ese divo talentoso la actriz trabajó doce veces, dejando para el recuerdo un famosísimo strip tease en Ayer, hoy y mañana (1963), repetido 31 años después en Pret-a-Porter de Robert Altman. A partir de 1990 la diva redujo su agenda laboral, pero mantuvo incólumes su popularidad y su fama. Conquistó el Oscar, el César, el Globo de Oro, el Nastro de Argento y la Orden de Caballero de la República, lo cual hundió en el olvido su juicio y prisión por evasión de impuestos en los años 80. Y ahora la estrella de cine cumplió ocho jóvenes y napolitanas décadas. No es la única: el 28 de setiembre Brigitte Bardot le igualará la marca, y ello es motivo suficiente para abordar una segunda nota.

 

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