120 AÑOS DEL CINE II: EL LARGO VIAJE DE LA TÉCNICA.

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120 AÑOS DEL CINE II (1994, Forrest Gump)

Estamos en medio de una verdadera revolución tecnológica. En marzo de 2008 Hollywood anunció un plan radical: reconvertir a la tecnología digital 10.000 salas de cine, para poder exhibir películas en 3D con anteojos ultramodernos. Según el New York Times en ese momento ya existían 3.700 salas en USA convertidas al nuevo formato, pero al estrenarse Viaje al centro de la Tierra (Eric Brevig, 2008) los flamantes equipos de proyección digital abrieron camino a un nuevo sistema óptico.

Por Amílcar Nochetti – Miembro de la Asociación de Críticos de Cine de Uruguay (filial Fipresci)

Pasaron siete años y los films en 3D están a la orden del día. En líneas generales esa técnica es un buen “gancho” para un público ávido de nuevas sensaciones visuales. Sin embargo, sólo en contadísimos casos el sistema ha servido para enaltecer el alcance conceptual del film. En general no ha pasado de ser un chiche vistoso. Las excepciones están allí, por supuesto, y sin ser exhaustivos vale la pena recordarlas: las animaciones Coraline y la puerta secreta (Henry Selick, 2009), Cómo entrenar a tu dragón (Dean de Blois y Chris Sanders, 2010) e Intensa-mente (Pete Docter y Ronnie del Carmen, 2015) y los documentales Pina (Wim Wenders, 2011) y La cueva de los sueños olvidados (Werner Herzog, 2011). En ficción las palmas hasta ahora parece llevárselas el notable ejercicio cinéfilo de Martin Scorsese La invención de Hugo Cabret (2011).

Empero, ese derroche de ambición tecnológico-empresarial podría quedar oscurecido (o directamente pasar a la historia) si Steven Spielberg lograra llevar a buen fin una investigación en la que, con altibajos, está embarcado desde el año 2005, y que a estas alturas ha tomado ribetes de obsesión personal: producir films en 3-D sin anteojos. El director hace rato viene asegurando que sus técnicos alemanes y japoneses van bien encaminados hacia la solución final de un desafío que aún parece insalvable. Sin embargo los cinéfilos no deberían extrañarse de nada, porque la historia del cine ha sido ante todo la crónica de sucesivos e “imposibles” hallazgos técnicos, que primero lo hicieron nacer y luego le enseñaron a andar y desarrollarse.

 120 AÑOS DEL CINE II (1895, Llegada del tren a la estación de La Ciotat)

RUMBO AL CINE. El cine permite que ante nuestros ojos desfilen 24 imágenes por segundo, lo cual da la ilusión de movimiento, porque las figuras que pasan ante nuestra retina no se borran instantáneamente debido a una imperfección del ojo. Ese fenómeno (la persistencia retiniana) había sido estudiado en el siglo 17 por Isaac Newton, pero recién en 1830 los ingleses Michael Faraday y John Herschel iniciaron el viaje que conduciría al cine, cuando inventaron un juguete óptico que usaba dibujos, un simple disco de cartón que tenía de un lado un pájaro y del otro una jaula. Al girar el disco, el ave parecía estar dentro de la jaula. Claro que aquí nada era animado todavía, sino solamente una sobreimpresión de imágenes. Pero dos años más tarde el belga Joseph-Antoine Plateau inventó un disco de cartón dentado que, usado para delante o para atrás, reconstruía o descomponía los movimientos en base a una serie de dibujos fijos. Ese aparato fue el antecesor directo del dibujo animado al ser proyectado sobre una pantalla, usando la por entonces exitosa Linterna Mágica. De todas formas, eso aún no era cine…

Para que naciera el séptimo arte hacía falta la instantánea, desconocida por entonces, y que surgiría luego de años de estudios y experimentaciones a cargo de los científicos aficionados franceses Joseph Nicéphore Niepce y Louis Daguerre. Cuando ambos murieron ya estaba generalizado el procedimiento de placas de vidrio, con el cual el tiempo de exposición de objetos y personas ante la cámara se redujo de varias horas a contados segundos. Pero una cosa era tomar una instantánea y otra muy diferente dotarla de movimiento…

Para ello en primer lugar se usó la exposición sucesiva, es decir: un hombre baja un brazo y se lo fotografía con éste levantado, luego ubica su brazo algo más abajo y se lo vuelve a fotografiar, y así sucesivamente. Todo cambió gracias a la unión del millonario estadounidense Leland Stanford y el científico inglés Eadweard Muybridge. La sociedad de esos hombres tan disímiles propició en 1878 la invención de un dispositivo complicado pero muy exitoso. A lo largo de una pista por la que corrían caballos se situaron 24 cabinas oscuras en las que otros tantos operadores preparaban idéntica cantidad de placas de vidrio. Una vez cargados los aparatos se lanzaron al galope los caballos, que se fotografiaron a sí mismos al romper con sus patas unos seguros previamente colocados en la pista. Esas fotografías recorrieron el mundo.

En 1888 el francés Étienne-Jules Marey experimentó un súbito golpe de genio: comenzó a usar el aparato de Muybridge, pero adaptándole rollos de película Kodak. El resultado fue que, sin querer, había inventado la cámara y realizado la primera toma. Fue la primera de muchas “casualidades” que harían avanzar al cine a lo largo de su centenaria historia. Al percatarse del hallazgo, Marey proyectó sus cintas en una pantalla, perforándolas previamente para fijar las imágenes y obtener así una mejor visión. Ese sistema también pasó a ser empleado por Charles-Émile Reynaud, que desde 1892 realizó funciones públicas de sombras chinescas, proyectadas en pantalla con cintas de hasta 15 minutos de duración. Reynaud, también por azar, acababa de inventar el dibujo animado.

En 1894 Thomas Alva Edison creó la moderna película de 35 mm, con cuatro pares de perforaciones por imagen, empleando films sobre celuloide fabricados por Eastman-Kodak. Así lanzó el Kinetoscopio, aparato de anteojos en forma de caja, de uso individual, que contenía las cintas perforadas. Se realizaron de inmediato 50 films de medio minuto de duración con un único plano general donde se contaba una anécdota muy sencilla (un estornudo, un beso, etc.). Algunos dicen que allí nació el cine.

La mayoría en cambio preferimos destacar sobre el hallazgo de Edison al invento de los hermanos Auguste y Louis Lumière. En marzo de 1895 estos inquietos franceses lanzaron el Cinematógrafo, que no era otra cosa que el antiguo aparato de Marey mezclado con películas Edison. Pero la genialidad de los Lumière consistió en agregar a dicho aparato un dispositivo clave para la proyección: la Cruz de Malta. El resultado fue una máquina capaz de grabar, revelar y proyectar imágenes fotográficas en movimiento. Con ella rodaron doce cortometrajes con los cuales hicieron historia: La salida de las oficinas Lumière en Lyon, La acrobacia, La escena de pesca, La inauguración del Congreso de Fotografía en Lyon, Los herreros, El regador regado (también llamado El jardinero), El almuerzo del bebé, El juego de la manta, Carmaux Défournage du Coke, La Plaza de Cordeliers en Lyon, El mar y La llegada del tren a la Estación de La Ciotat. Como se sabe, los Lumière presentaron sus cortos en ese orden a un auditorio de 33 personas el 28 de diciembre de 1895 en el Grand Café del Boulevard des Capucines, en París. Los desprevenidos espectadores se estremecieron al ver cómo se les venía encima una locomotora a vapor, pero a ese susto inicial siguió el “boca a boca”, y el éxito fue fulminante: 2.000 francos diarios de ganancia aseguraron larga vida al nuevo experimento. En esa función inaugural vieron la luz el documental y el primer gag de la historia del cine: un jardinero está regando el pasto, un niño pisa la manguera, el agua deja de salir, el hombre intrigado clava la vista en la boca de la manguera, el niño saca el pie y el agua riega súbitamente al jardinero. Once documentos y una ficción: había nacido el cine…

120 AÑOS DEL CINE II (1927, El cantor de jazz)

HISTORIA AGITADA. Desde entonces catorce escalones se sucederían en el ascenso tecnológico del nuevo arte-espectáculo.

1) El francés Georges Méliès intuyó que detrás de cada espectador había un soñador potencial dispuesto a degustar lo imposible. Sus trucos fueron producto de su habilidad como prestidigitador, la posibilidad de una técnica recién nacida y mucha suerte. En 1899 Méliès filmaba delante de la Ópera de París cuando un desperfecto detuvo el rodaje. Solucionado el problema continuó trabajando, pero al editar el material descubrió que un tranvía se convertía súbitamente en carroza fúnebre. De ese inesperado montaje surgió el primer efecto especial de la historia del cine. A partir de entonces este inquieto admirador de Julio Verne pudo hacer un Viaje a la luna (1902), un Viaje a través de lo imposible (1904) y también ir A la conquista del polo (1912), además de rodar otros 550 cortos entre 1896 y 1913.

2) El dibujante inglés James Stuart Blackton decidió dotar de vida a sus figuras en films rudimentarios entre 1900 y 1906. Casi de inmediato llegaron el estadounidense Winsor McCay y el francés Émile Cohl, dos gigantes que a lo largo de la segunda década del siglo pasado sentaron las bases del arte de la animación.

3) Cuando Al Jolson abrió su boca y cantó el público descubrió el verdadero significado de la campaña publicitaria de la Warner (“Aún no has oído nada”). El 6 de octubre de 1927 El cantor de jazz (Alan Crosland) barrió con la muda poesía del cine utilizando el Vitaphone, sistema de sonido grabado en enormes discos y sincronizado a la imagen. Ese engorroso método fue suplantado rápidamente por el Movietone, que incorporaba la banda de sonido al propio fotograma.

4) Méliès había pintado cuadro a cuadro algunos de sus films, y el inglés G. A. Smith había acuñado en 1909 el efímero Kinemacolor, pero pertenece a los años 30 el estallido del Technicolor. Fraguado en 1914 en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, debutó el 28 de junio de 1935 en Feria de vanidades (Rouben Mamoulian) y lograría un temprano y magnífico esplendor en Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939). A partir de ese momento fue el rey de la pantalla.

5) Al nacer la TV, el cine reaccionó desarrollando su artillería pesada. Lo más lógico pareció agrandar las cosas, y de esa forma la “triple pantalla” utilizada por Abel Gance en Napoleón (1927) y el Anamorphoscope inventado por Henri Chrétien en pleno período mudo, se convirtieron en el tesoro más codiciado por Hollywood. La Fox adquirió sus derechos y patentó el término CinemaScope. El nuevo formato (la pantalla medía 18 metros de ancho por 7 de alto) fue presentado el 16 de setiembre de 1953 en El manto sagrado (Henry Koster). Empero un año antes, el 30 de setiembre de 1952, el ingeniero Fred Waller había lanzado el Cinerama, pantalla curvada con tres proyectores al unísono, en el documental Esto es Cinerama (Merian C. Cooper y Gunther Von Fritsch). Este sistema tardó mucho en llegar a nuestras costas: en Uruguay ese film recién fue estrenado el 26 de setiembre de 1963. Pero el título más impactante en Cinerama sería sin duda alguna La conquista del Oeste (Henry Hathaway-John Ford-George Marshall, 1962), gracias a la espectacular secuencia de la estampida de bisontes. En el Río de la Plata pudo verse durante muchos meses, a partir de 1964.

6) La tercera dimensión, con sus característicos lentes bicolores, fue otra reacción contra la TV. El sistema fue inaugurado el 30 de noviembre de 1952 por El diablo Bwana (Arch Oboler), aventura selvática que prometía “un león en su falda”, mientras la actriz Barbara Britton parecía salir de la pantalla para abrazar a los espectadores. Pero la primera proyección en 3D se había realizado en 1915 cuando se exhibió Jim el hombre lápiz (Edwin S. Porter), un corto recibido como una rara novedad rápidamente olvidada. El 3D subsistió en films de clase B de los años 50 y quiso resucitar en los 80, pero nunca fue exitosa debido a que los lentes necesarios para su correcta visión producían más jaquecas que placer.

7) El 11 de octubre de 1955 el productor Michael Todd inauguró el sistema Todd-AO con Oklahoma (Fred Zinnemann), que incorporaba seis bandas de sonido estereofónico a la proyección en 70 mm sobre pantalla ligeramente curva. La experiencia más perfecta lograda con ese soporte sigue siendo 2001: odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), aunque esa obra maestra había sido pensada originalmente para el Cinerama.

8) Como la estereofonía parecía no bastar, con Terremoto (Mark Robson) nació el Sensurround el 15 de noviembre de 1974, y aunque su vida fue efímera hizo mucho ruido, porque subrayaba los bajos a través de un grupo de altavoces colocados en el suelo, en estratégicos puntos de la sala. Cuando sus 1.600 watios de potencia fueron puestos a prueba en el Teatro Chino de Hollywood, saltaron volutas del techo y los dueños de la sala debieron colocar redes sobre la platea para proteger al público de la ferocidad del nuevo experimento. Nunca se aclaró si la prevención era justificada o sólo parte de un consabido truco publicitario. En cambio en Montevideo el film originó una anécdota muy real: el 16 de abril de 1975 los mil espectadores que poblaban el cine California debieron salir en estampida, porque justo cuando en la película se movió la tierra, en la sala se incendió un tablero de electricidad. Las consecuencias fueron susto, mucho humo, olor a quemado y bomberos tirando agua mientras el operador huía hacia el techo y el público festejaba pensando que todo era parte de la función.

9) La revolución sonora continuó con las posibilidades tecnológicas del Dolby Stereo, con sus cuatro canales de sonido grabados ópticamente sobre el fotograma. Fue lanzado a escala mundial el 25 de mayo de 1977 en La guerra de las galaxias por el visionario George Lucas, quien más tarde se encargaría de desarrollar su propio Dolby THX.

10) El 3 de setiembre de 1987 Las dos vidas de Julia (Peter Del Monte) se convirtió en el primer film rodado íntegramente en video y luego volcado a negativos de 35 mm. Eran años de búsqueda, el invento no fructificó, pero allí se inauguró la Alta Definición.

11) El 23 de junio de 1994 Tom Hanks le dio la mano a John Fitzgerald Kennedy en Forrest Gump (Robert Zemeckis) y con ello demostró que los jueguitos creados en las computadoras no sólo producían imposibles, sino que también eran capaces de falsear la realidad. La Infografía Aplicada dijo presente, y el espectador nunca más estuvo seguro de lo que pueden ver sus ojos.

12) Cuando el 20 de mayo de 1998 Lars Von Trier presentó en Cannes Los idiotas provocó un doble quiebre: a) tecnológico, porque esa película arrebató al celuloide el monopolio de la imagen en cine, y b) económico, porque rodando en video digital se producía un modelo estético más dinámico y barato que el habitual.

13) Antes, cuando moría un actor en plena filmación, había que suplantarlo por alguien parecido y enfocarlo desde lejos. Hoy la computación soluciona con más perfección los inconvenientes, y así el fallecido Laurence Olivier “resucitó” el 14 de setiembre de 2004 en El capitán Sky y el mundo del mañana (Kerry Conran). De inmediato Robert Zemeckis proyectó su imaginación y lanzó El expreso polar (2004) y Beowulf (2007), dos films rodados con imágenes digitales de seres de carne y hueso, dando forma a los actores virtuales.

14) El último grito de la tecnología fue el IMAX, desarrollado por técnicos canadienses y mostrado por primera vez en la Exposición Universal de Montreal en 1967. Durante un cuarto de siglo se utilizó sólo para el documental y el cine educativo. Usa fotogramas de anchura ditirámbica y un único proyector, y literalmente sumerge al espectador en una imagen tan nítida que da vértigo. Hoy puede combinárselo con el 3D y quienes lo vieron aseguran que es la experiencia cinematográfica definitiva. El primer blockbuster que se atrevió a usar este sistema fue Matrix: Revolution de Andy y Larry Wachowski (2003). Las nuevas salas equipadas con este soporte tienen pantallas de 20 metros por 26, y ocupan todo el ancho y alto del edificio. Pero en teoría las pantallas IMAX pueden alcanzar una altura equivalente a un edificio de ocho pisos. Seamos gráficos: el IMAX es 4.500 veces más grande que una pantalla de TV promedio, puede ser tan ancho como un campo de fútbol americano, el proyector de sus cines posee casi el tamaño de un automóvil, y se dice que la luz que emite su lámpara de 15.000 watios puede verse desde la Luna sin necesidad de telescopio. Es un mundo de ciencia ficción incorporado a nuestra vida cotidiana.

120 AÑOS DEL CINE II (1977, La guerra de las galaxias)

¿Y AHORA QUÉ, STEVEN?. “Estoy empeñado en patentar un sistema que lance al espectador dentro de la película, en una experiencia totalizadora que lo rodeará desde arriba, desde abajo, desde todos lados”, ha dicho Spielberg a fines de 2005. Pasaron diez años y su cohorte de investigadores japoneses y alemanes sigue librando batalla a los inconvenientes. Si consigue lo que pretende, su revolucionaria tecnología provocará millonarios gastos adicionales a los dueños de las salas, que deberán deshacerse de las pantallas tradicionales para reemplazarlas por otras, especialmente adaptadas para proyectar las imágenes de este 3D sin lentes. Para el ex “chico maravilla”, el problema esencial es que “hasta ahora todos los formatos en 3D han requerido anteojos con un filtro rojo en un ojo y un filtro verde en el otro. Eso provoca jaqueca o desorientación. Descartar esos lentes es fundamental para que la técnica se vuelva popular”.

    A estas alturas conviene recordar que el 3D crea dos imágenes ligeramente distintas de cualquier escena y luego proyecta cada una en un ojo diferente. Hasta ahora eso se logra usando dos cámaras para filmar cada escena. Los dos conjuntos de imágenes se proyectan luego simultáneamente, pero los lentes de colores usados por el espectador significan que un ojo ve las imágenes de una de las películas, mientras que el otro ojo percibe las imágenes de la segunda. Este sistema engaña al cerebro, que cree estar viendo una escena tridimensional en vez de una pantalla plana. Spielberg comenta que la nueva tecnología puesta a su servicio emplea el mismo principio básico, “pero en vez de dos cámaras usa una gigantesca computadora para separar cada imagen, como si fuera captada desde perspectivas ligeramente diferentes. Las imágenes resultantes son proyectadas simultáneamente en la pantalla, pero con ángulos distintos. Eso se logra subdividiendo la pantalla con pequeñísimos filtros desplegados en bandas”.

     El director concluye: “Varios grandes fabricantes de productos electrónicos han venido en mi ayuda, porque sus pantallas de plasma han demostrado que pueden proyectar imágenes en 3D visibles al ojo desnudo. Los que más se han acercado al ideal han sido los técnicos de Opticality Corporation, que hicieron una demostración de una pantalla 3D de 5 m. de ancho por 3 m. de alto. Ahora sólo resta aproximarse al tamaño de una pantalla de cine”. Para ello Spielberg no ha dudado en ampliar su equipo de técnicos, acercándose a los surcoreanos Kim Young-min y Hong Kee-hoon, dos eximios científicos que utilizando alta tecnología óptica han llegado (en teoría) a la conclusión que un filtro colocado sobre la pantalla bloquearía los dos conjuntos de imágenes proyectadas simultáneamente, haciéndolas visibles sólo para uno de los dos ojos del espectador. De esa manera se utilizaría únicamente un solo proyector, y los films rodados con esta tecnología mostrarían las dos imágenes en dos columnas a la vez. Hasta ahora, el problema reside en que se consigue una resolución de imagen muy baja, por lo que mientras no se mejore no llegará a las salas de cine. Pueden pasar años hasta que se consiga. “Esta tecnología está todavía en plena infancia. Pero supone un nuevo paso que hasta ahora no se había dado”, comenta Spielberg.

     Surja ahora o dentro de unos años, el increíble resultado parecería estar al alcance de la mano, aunque la gente no va al cine sólo para admirar la tecnología computarizada. Fabricar un éxito depende siempre de una base fundamental: una buena historia bien contada. Eso no implica desconocer que desde el tren de los Lumière al gigantismo del IMAX y el sueño de Spielberg el trajinado camino de la técnica ha sido muy fructífero.

 

The Invention Of Hugo Cabret
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