BAFICI (2016): Las plantas, de Roberto Doveris

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Las plantas

Las plantas, de Roberto Doveris

 

Por Gastón Molayoli

Hay algo que llama la atención cuando se recorre el catálogo del Festival: muchas películas, quizás demasiadas, tienen protagonistas adolescentes. Y no me refiero sólo a las que forman parte de la sección Hacerse Grande (o Coming of age), sino también a las que se incluyen en otras secciones y competencias. El foco puesto aquí no es nuevo (como tampoco es original ni auténtica mi sorpresa): se podría hacer una lista larga de películas argentinas que en los últimos años se concentraron en ese período de la vida aunque difícilmente se podrían encontrar, en esa misma lista, a personajes que provengan de clases sociales bajas o que enfrenten un período particularmente difícil para alguien de cualquier edad. La mayoría de los relatos, para decirlo de otra manera, suelen ser bastante endogámicos, bastante pequeños y bastante leves. Ingresan dentro de ese subgénero que se suele llamar indie (que reconoce a la música también llamada indie como su hermana directa) o también mumblecore, para trasladarlo a otras coordenadas geográficas. No son exactamente lo mismo, pero sus diferencias no son tantas.

Fuera de la Competencia Latinoamericana pero dentro de la Selección Oficial se proyectó una excepción a esta suerte de regla: la chilena Las plantas, de Roberto Doveris. La película relata la historia de Florencia, una joven de diecisiete años que en absoluta soledad, salvo por la compañía frecuente de dos amigos, debe hacerse cargo de cuidar a su hermano que se encuentra en estado vegetativo y, cuando puede, de ir a visitar a su madre que está internada en un hospital debido a una enfermedad de la cual no se habla. De su padre tampoco se habla y a su tío lo vemos visitarla sólo una vez para darle una mano. Mientras tanto se junta con sus amigos, ensaya coreografías, lee un comic llamado Las plantas, asiste disfrazada a eventos vinculados con el mundo del cómic y alimenta su curiosidad sexual a partir del contacto casual, a través de internet, con otros jóvenes.

Las plantas del título, del cómic, las que habitan el patio y rodean la casa se instalan como una alegoría insistente. Por el modo en que están incluidas y ciertas coordenadas genéricas dentro de las que se mueve Doveris, da la impresión de que si suplantáramos a las plantas por cuerpos sin alma estaríamos frente a una película de zombies. Las plantas insinúa esta filiación de una manera precisa y siempre asumiendo, como si estuviéramos frente a una larga subjetiva, la experiencia de su protagonista. Allí reside su dimensión política.

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