ED HARRIS: INTENSIDAD Y ECONOMÍA DE RECURSOS.  

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El sábado 28 de noviembre cumplió 70 años uno de los mejores actores del actual cine estadounidense. También uno de los que más bajo perfil cultiva. Ed Harris es un modelo en todo lo que tiene que ver con economía de recursos, aunque de tanto en tanto no pueda evitar exhibir ciertos ramalazos de fuerte intensidad.

Por Amilcar Nochetti. Miembro de la Asociación de Críticos de Cine de Uruguay (filial Fipresci) 

MÉTODO. El lector se preguntará qué será la economía de recursos, y como pueden convivir “economía” e “intensidad”. No es difícil explicarlo, sobre todo para quien tenga buena memoria o haya visto cine clásico. Dos modelos de economía de recursos han sido Spencer Tracy y Henry Fonda, pero no debe confundirse ese concepto con cortedad dramática. Son cosas muy distintas. Tracy y Fonda era maestros en economía de recursos. Gary Cooper o Humphrey Bogart, en cambio, tenían cortedad dramática. Hoy son figuras legendarias. ¿Quién puede negar el máximo sitial de cowboy a Gary Cooper, o arrebatar a Bogart el puesto de arquetipo de investigador privado en la serie negra? Son iconos indiscutibles, pero eso no los convierte en grandes actores, sino en divos que han marcado el inconsciente colectivo de generaciones enteras: Cooper caminando solo ante el peligro al mediodía por las calles vacías de un pueblo de cobardes, para enfrentar a la pandilla de A la hora señalada. Bogart encaramado en el tren que se va del lluvioso París, enfundado en su gabardina y esperando en vano la llegada de Ingrid Bergman en Casablanca. Son figuras imborrables, pero tenían una marca de fábrica, y no podían (o no sabían, o no los dejaron) variar. Habían patentado un “tipo” y lo repetían. Lo hacían bien, pero no salían de ese arco dramático, y al pasar los años sus labores fueron eficientes, pero mecánicas.

 

Lo de Tracy y Fonda era diferente, como lo de muchos actores europeos: los suecos Max von Sydow y Erland Josephson, el italiano Marcello Mastroianni, el español Fernando Rey, el francés Jean Gabin, los polacos Daniel Olbrychski, Zbigniew Zapasiewicz y Wojciech Pszoniak, el inglés Ralph Richardson. Esta gente tenía economía de recursos, construían para cada película un personaje diferente, no un prototipo, y lo hacían desde adentro, con mínimos gestos visibles, pero con verdadera comprensión del alcance y los límites de cada personaje. Eran actores introvertidos que terminaron edificando un nicho aparte, porque se distinguían del prototipo marcado por el star system de la era de oro de Hollywood, y también del psicologismo exagerado que el Actor’s Studio impuso a sus figuras. Ellos no necesitaban estar un mes en un psiquiátrico para actuar en Atrapado sin salida, ni renguear dos meses para emocionarnos en Perdidos en la noche. Simplemente estudiaban el libreto, investigaban en libros cuando sus personajes eran históricos, hacían caso a sus directores y se lanzaban a actuar desde el alma.

 

Eso no es parquedad dramática, sino comprensión íntima de la labor a ejecutar. Ejemplos: la sobriedad de Tracy como juez, en medio del disímil elenco de El juicio de Nuremberg, la cálida estampa de Fonda en Viñas de ira o su gélida villanía para Érase una vez en el Oeste, la sutileza de Pszoniak como Robespierre en Danton, la melancolía oculta debajo de cada rudo gangster que compuso Gabin en su carrera, todo lo que Sydow y Josephson hicieron para Bergman, las visibles diferencias de Richardson con sus compañeros de generación, Laurence Olivier y John Gielgud. Es verdad que a veces estallaban: Tracy buscando venganza al final de Furia de Fritz Lang es un ejemplo de ello. Pero aún esos estallidos parecían signados por una oculta contención.

 

De esas aguas bebió siempre Ed Harris, el actor más introvertido que Hollywood nos ha brindado en las últimas décadas. Él también de tanto en tanto estalla, como en algún momento de Pollock o Las horas, pero lo ha hecho siguiendo la lección de Tracy, Fonda y los europeos: ese desborde era lo que requería el personaje, no su divismo personal. Por eso aquellas palabras que parecen reñidas (economía e intensidad) se pueden dar la mano y edificar una de las carreras más notables de los últimos tiempos. Claro: ese método de actuación no es vistoso, y quizás por eso la figura de Harris no sea todo lo mediática que merece. Pero eso también tiene que ver con la propia manera de ser del actor, que en cierta medida conjuga en su vida real muchas características de sus propios personajes.

JUVENTUD. Edward Allen Harris nació el 28 de noviembre de 1950 en la ciudad de Tenafly, Nueva Jersey. Margaret, su madre, era una agente de viajes, mientras que su padre, Robert, era cantante y también ofició, durante varios años, como bibliotecario del Instituto de Arte de Chicago. Ed tenía dos hermanos, y desde pequeños pasaban todo el tiempo jugando y lidiando entre sí, motivo por el cual Ed desarrolló un nivel muy alto de competitividad, que supo explotar muy bien en la secundaria. Lo de Harris es curioso, porque ha sabido mantener su vida privada muy lejos del frenesí mediático que provoca su profesión (mucho más en ese planeta aparte que es Hollywood), y sin embargo siempre ha sido muy abierto para contar todo lo que tiene que ver con su infancia, su adolescencia y su formación profesional. Por eso sabemos que fue un destacado atleta adolescente: en la Tenafly High School jugó béisbol, siendo uno de los mejores quarterbacks, miembro del equipo situado justo detrás del centro, en medio de la línea ofensiva y, como tal, responsable de decidir la jugada que debe realizarse. Desde esa posición Harris llegó a ser capitán de su equipo. Debido a ese destaque, al egresar en 1969 le ofrecieron una beca deportiva en la Universidad de Columbia, en Nueva York, aunque dos años más tarde su familia se trasladó a Oklahoma y Harris los acompañó.

 

Fue en esos momentos cuando descubrió su futura profesión. Nadie mejor que él para contarlo: “Es cierto que fui un buen estudiante, pero no puedo negar que mi pasión era el béisbol. Pero un verano vi a un mismo actor hacer de Tartufo en la obra de Molière, y de Sancho Panza en Don Quijote de La Mancha, y fue tan diferente y divertido en ambos papeles que me dije a mí mismo: ‘yo quiero hacer eso’. También advertí que la ovación que recibió el actor en ambas ocasiones era equivalente a la de un estadio cuando marcabas un tanto en el béisbol. Pero no se equivoquen: no son los aplausos lo que realmente me ha interesado de esto. El objetivo, una vez empecé a estudiar, ha sido siempre ser el mejor actor posible, no dejar de aprender y evolucionar. El día que sienta que he dejado de aprender será el día que me retire”.

 

INICIOS. Fue en la Universidad de Oklahoma donde se anotó en arte dramático. Poco tiempo después de haberse destacado en algunas obras en el entorno local decidió que estaba listo para probar algo mejor y se mudó a Los Ángeles, donde terminó enrolándose en el Instituto Californiano de las Artes. Dos años más tarde (1976) comenzó a cosechar éxitos, como el agente del FBI de la obra de Thomas Rickman Baalam, o uno de los roles protagónicos en el estreno de la pieza de Tennessee Williams El reino de la tierra. Esa visibilidad le permitió acceder a algunos roles en la TV, en seriales que no han llegado al Uruguay, pero que cosecharon muy buena audiencia por entonces en la Costa Oeste. Fue después de todo eso que Harris hizo su primera aparición en cine, en el film de suspenso Coma (Michael Crichton, 1978), protagonizado por Geneviève Bujold, Michael Douglas y Richard Widmark, donde tiene un par de breves escenas como ayudante del forense en el hospital donde ocurre la acción. Dos años después conseguiría un rol más importante en Borderline, film protagonizado por Charles Bronson, nunca exhibido en Uruguay.

 

Pero ya su tercera participación en cine lo pondría en contacto con el director George A. Romero, en un film atípico que lo tendría de protagonista. Caballeros de acero (1981) contó las aventuras de una peculiar banda de motoqueros que viajan por pequeños pueblos estadounidenses vestidos como si fueran los Caballeros de la Tabla Redonda. Organizan fiestas medievales en las que la gente puede comer y beber, comprar artesanías y disfrutar de torneos montando espectaculares motos. Su vestimenta, sus reglas y su estilo de vida procuran mantener los parámetros de los héroes medievales de Camelot, hasta que se hacen famosos a través de la prensa, y debido a ello las cosas se complican. A partir de entonces la carrera de Ed Harris ha sido un modelo de adaptación a todos los géneros y roles que le ha tocado desempeñar. 85 títulos para la pantalla grande y seis miniseries en los que ha dejado claro que ser actor es una profesión transformadora: “Actuar es para mí una forma de vida, una manera de ver el mundo y existir en él. Empecé a los 21 años, hace ya mucho tiempo, y lo sigo disfrutando como el primer día, con todos mis sentidos, y siendo consciente del mundo que me rodea. Ser actor no sólo te hace crecer como profesional, sino como ser humano. Meterse en la piel de otros personajes, vivir vidas ajenas, puede ser algo inolvidable. En mi carrera ha habido dos papeles que jamás olvidaré, el de Pollock y el de Beethoven, porque en ambos casos tuve que interpretar a una persona real, por lo que el reto fue mayúsculo”.

 

SINCERIDAD. Sin embargo, la fama adquirida durante las cuatro décadas siguientes no lo han cambiado como persona. Reconocido demócrata del ala más radical (fue uno de los muchos que no se levantaron a aplaudir a Elia Kazan cuando la Academia le otorgó un Oscar honorífico), habla de todo lo que le preguntan. Cuando la prensa quiso saber cuál fue su compañero de reparto favorito, no dudó un instante en decir “mi esposa”, refiriéndose a la actriz Amy Madigan, con la cual está casado desde 1983, y con quien tiene una hija llamada Lily Dolores, nacida en 1993. Pero ha sido igualmente llano al responder sobre cosas más urgentes, como el cambio indiscutible que han traído las redes sociales e internet, especialmente en la evolución del star system: “Creo que cuando empecé el star system ya era una cosa antigua. Hoy día no es habitual cobrar millones de dólares por hacer películas, aunque hay algunas excepciones. Confieso que sigo sintiéndome parte de esa cosa tan abstracta llamada Hollywood, aunque viviendo en mi casa sobre la costa, alejado del ruido mediático. Y alejado del mundo virtual, donde es cierto que cualquiera tiene derecho a grabarse en su habitación, pero eso no quiere decir que yo tenga que verlo. Está claro que quien lo hace y quien lo ve están relacionados, pero mi intención no es juzgar, y mucho menos censurar, porque al fin y al cabo ver esta clase de contenidos es una cuestión de gusto personal”.

 

Harris tampoco duda a la hora de opinar sobre un tema tan candente como los cambios en la industria originados por la irrupción de las series televisivas, “si es que puede seguir utilizándose ese término en la era de las plataformas online”, aclara. Y sin tapujos ha dicho: “Estaría bien que en las salas comerciales las pequeñas películas tuvieran más espacio y tiempo. A falta de esa ventana de distribución, que sigue lidiando con sus problemas, las plataformas como Netflix se presentan como una opción no sólo deseable para los espectadores. La cuestión es en dónde quieres que acabe tu película: en un cine durante dos semanas y que luego desaparezca, o que viva en internet tanto tiempo como el público quiera disfrutarla. Porque al fin y al cabo el objetivo de cualquier artista es que su trabajo se vea”. Por último, su sinceridad se dio la mano con la contundencia cuando debió opinar por la actual situación que vive su país: “Estados Unidos debería pedir disculpas al mundo por las miserias de la gestión de Donald Trump”.

 

ROLES. Es imposible referirnos en una nota a todas las labores de Ed Harris, aunque parece oportuno detenernos en aquellas que por una u otra razón lo han destacado.

 

Bajo fuego (Roger Spottiswoode, 1983): Nicaragua y el sandinismo a punto de derrocar al dictador Somoza. Ed Harris es uno de cuatro periodistas estadounidenses cubriendo las noticias, junto a Nick Nolte, Gene Hackman y Joanna Cassidy.

Elegidos para la gloria (Philip Kaufman, 1983): Los avances de la aeronáutica, desde la ruptura de la barrera del sonido a la conquista del espacio. Notable película con un gran elenco en el cual Ed Harris destacó en el rol de John Glenn, el primer astronauta estadounidense en orbitar la Tierra, y la quinta persona en el espacio.

 

En un lugar del corazón (Robert Benton, 1984): Texas durante la Gran Depresión, una madre viuda (Sally Field) con dos hijos, y varios secundarios de lujo (John Malkovich, Danny Glover), en medio de los cuales Ed Harris conoció y se enamoró de Amy Madigan.

 

Walker (Alex Cox, 1987): La historia de un médico y abogado que en 1853 invade Nicaragua a petición del millonario Cornelius Vanderbilt, y apenas logrado su objetivo se autoproclama presidente de ese país. Una visión muy dura del precio del poder.

 

Complot contra la libertad (Agnieszka Holland, 1988): El asesinato del sacerdote polaco Jerzy Popieluszko (Christopher Lambert). Ed Harris es el encargado de llevar a cabo el crimen, en una dura denuncia del comunismo en Europa Oriental.

 

El secreto del abismo (James Cameron, 1989): Ciencia ficción ecológica, y el rescate de un submarino nuclear al borde de una grieta abisal. Harris es el líder de los científicos rescatistas, pero el film tiene una historia aparte. Durante una secuencia en la que el actor debía aguantar la respiración bajo el agua, una serie de malentendidos hizo que Harris no recibiera oxígeno y casi muere ahogado. Cameron siguió rodando mientras ocurría el incidente, por lo que Harris le dio un puñetazo en la cara al salir del agua. Hasta el día de hoy el actor se niega a hablar sobre este film, traumatizado por la experiencia.

 

Tiro de gracia (Phil Joanou, 1990): Sean Penn, policía encubierto, vuelve al barrio a desenmascarar una banda de irlandeses liderada por Ed Harris. En medio se interpondrán sus sentimientos por los hermanos menores del gangster (Gary Oldman, Robin Wright).

 

El precio de la ambición (James Foley, 1992): Adaptación de la obra teatral de David Mamet sobre un grupo de desesperados vendedores inmobiliarios. Harris se luce junto a Al Pacino, Jack Lemmon, Alan Arkin, Kevin Spacey, Alec Baldwin y Jonathan Pryce.

 

Apolo 13 (Ron Howard, 1995): Aunque los astronautas de esta dramática expedición son Tom Hanks, Kevin Bacon y Bill Paxton, Harris se destaca como el científico que deberá intentar devolver a esos hombres sanos y salvos a nuestro planeta.

 

Nixon (Oliver Stone, 1995): La extensa biografía del controvertido presidente tenía una labor estupenda de Anthony Hopkins y un elenco de campanillas. Ed Harris es uno de los espías atrapados en el Edificio Watergate, que desencadena la caída del mandatario.

La Roca (Michael Bay, 1996): Harris es un general que pretende que se indemnice a las familias de los soldados muertos en combate. Roba 16 misiles con gas venenoso, toma Alcatraz y amenaza con lanzarlos sobre San Francisco. Sean Connery y Nicolas Cage intentarán impedirlo, en una aventura de buen nivel y con mucha acción.

 

Poder absoluto (Clint Eastwood, 1997): Clint, ladrón de guante blanco, presencia el asesinato de una mujer perpetrado por el mismísimo presidente (Gene Hackman). Harris es el policía que persigue a Clint desde hace años, aunque terminará defendiéndolo.

The Truman Show (Peter Weir, 1998): Truman (Jim Carrey) es un ingenuo que vivió toda su vida en un pueblo donde nunca pasa nada, pero advierte que algo anormal sucede. Al final sabrá que toda su ciudad es un plató y que su vida está siendo emitida como el reality show más ambicioso de la historia. Ed Harris es el inventor de esa enorme locura, una suerte de demonio vestido con los ropajes de un dios profano.

Pollock (Ed Harris, 2000): El proyecto más personal y ambicioso del actor, en una labor cumbre personificando a Jackson Pollock, el principal pintor del expresionismo abstracto, pero también un ser aislado, de personalidad volátil, que sufrió graves problemas de alcoholismo y bipolaridad. Un verdadero tour de force de Harris-actor.

Las horas (Stephen Daldry, 2002): Rodeado de tres mujeres de hierro (Meryl Streep, Nicole Kidman, Julianne Moore) en torno a la figura de Virginia Woolf, Harris compuso a un poeta que padece las instancias terminales del sida. Su personaje daba para el clisé o la sobreactuación, pero el actor lo encara de manera profundamente emotiva, con dosis de dramática nitidez, austeridad y equilibrio. Otra cumbre en la carrera de Harris.

 

Una historia violenta (David Cronenberg, 2005): Viggo Mortensen vive tranquilo con su familia en un pequeño pueblo, un día evita un robo en su restorán, se vuelve mediático y atrae a la atención del siniestro Ed Harris, que asegura conocer su turbio pasado.

 

Empire Falls (Fred Schepisi, 2005): Miniserie sobre un pueblo de Nueva Inglaterra y sus habitantes. Harris es el protagonista, que olvidó sus ansias de juventud para atender sus obligaciones familiares, en especial a su padre cascarrabias (Paul Newman).

 

La pasión de Beethoven (Agnieszka Holland, 2006): La tormentosa relación entre el genio de la música y una joven alumna (Diane Kruger) a la que decide aceptar como copista. Una gran labor de Harris, llena de temperamento y comprensión por el personaje.

 

Desapareció una noche (Ben Affleck, 2007): Una pareja de detectives (Casey Affleck, Michelle Monaghan) es contratada para dar con el paradero de una niña desaparecida. Eso no hace feliz al capitán de policía (Morgan Freeman), pero la pareja termina haciendo amistad con un detective (Ed Harris), que quizás esconda más de un secreto. La cohesión del elenco es el punto más fuerte de este policial atípico y bastante oscuro.

 

Entre la vida y la muerte (Ed Harris, 2008): Segundo proyecto personal del actor, un western atípico donde Harris y Viggo Mortensen deben enfrentar al malvado Jeremy Irons. Harris compone a un hombre de pocas palabras, incorrectamente pronunciadas, y lo hace con personalidad y sutileza para combinar un pragmatismo casi determinista con inesperados ribetes de escondida ternura. Lo suyo es hipnótico.

 

El expreso del miedo (Bong Joon-ho, 2013): Un fallido experimento para solucionar el problema del calentamiento global casi acabó destruyendo la vida sobre la Tierra. Los únicos supervivientes son los pasajeros de un tren que recorre el mundo impulsado por un motor de movimiento eterno. Harris es el amo y señor de ese micro universo.

 

Una noche para sobrevivir (Jaume Collet-Serra, 2015): Historia de un asesino a sueldo (Liam Neeson) de la mafia irlandesa, liderada por Ed Harris. Un policial de tenso guion con una fantástica química entre los dos veteranos protagonistas masculinos.

 

Madre (Darren Aronofsky, 2017): Joven embarazada (Jennifer Lawrence) y escritor en pleno bloqueo creativo (Javier Bardem) reciben a dos intrusos (Harris, Michelle Pfeiffer) que harán imposible la supervivencia de la joven pareja. Un film fracasado y pedante, en el que lo único valioso es el cuarteto protagónico.

 

Westworld (Lisa Joy y Jonathan Nolan, 2016-2020): Historia de un parque de atracciones futurista controlado por alta tecnología. Las instalaciones tienen robots de apariencia humana, y gracias a ellos los visitantes dan rienda suelta a sus instintos y viven cualquier tipo de aventura, por muy oscura o peligrosa que sea. Ed Harris es el Hombre de Negro, un siniestro personaje que lleva visitando el parque desde hace décadas, hasta que se descubre que es el accionista mayoritario de la empresa, por lo tanto, el dueño del lugar. Físicamente Harris se inspiró en el cowboy-robot que compuso Yul Brynner en la versión para cine de los años 70.

 

Como puede verse, una carrera variada y talentosa. Harris ha tenido cuatro nominaciones al Oscar (Apolo 13, The Truman Show, Pollock, Las horas), y por lo menos en las dos últimas fue despojado en forma ignominiosa de la estatuilla. Pero es un hombre ajeno al glamour, cultivador de un perfil bajo, y eso “no vende” en el circo hollywoodense. En cambio, logró un premio en Toronto por Pollock y dos Globos de Oro, uno por The Truman Show y otro por la película para TV Game Change (Jay Roach, 2012), donde dio vida al senador y candidato a la presidencia, el republicano John McCain. Ed Harris tiene actualmente dos films en posproducción, fechados para 2021: Top Gun: Maverick de Joseph Kosinski y La hija perdida, debut en la dirección de Maggie Gyllenhaal. En ambos títulos participará en roles secundarios. Es lo de menos, porque a veces le basta una escena para robarse la película. Ojalá que haya Ed Harris para rato.

 

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