90 AÑOS DE JAMES DEAN: Actor, icono gay y mito.

0
418

Por Amilcar Nochetti. Miembro de la Asociación de Críticos de Cine de Uruguay (filial Fipresci)

No es un secreto que James Dean ha sido un icono gay por múltiples razones. Hay quien dice que era bisexual, otros aseguran que era abiertamente homosexual, pero lo cierto es que su trágica muerte a los 24 años de edad, aparte de convertirlo en leyenda, ha dejado muchas dudas, historias inconclusas y un legado de sólo tres películas como protagonista. Dean fue el primer joven que en cine hizo de joven, convirtiéndose en símbolo, imagen y representante de una generación de adolescentes de los años 50, despeinados y cabizbajos, taciturnos y rebeldes frente a la autoridad de unos padres grandilocuentes y descolocados por la posguerra. Tal vez motivado por el temor a una muerte prematura vivió gozando de todo lo que la vida le ofrecía, a fondo y sin temor. Pasó por la vida como una estrella fugaz y dejó una imborrable e imperecedera huella. De Jimmy se ha hablado tanto que se sabe todo. O, mejor dicho, casi todo. Y quizás por eso, poco y nada. Porque ¿qué se sabe del James Dean homosexual? Es una pregunta con muchas respuestas. En esta nota trataré de acercarme a alguna de ellas. No en vano Elia Kazan llegó a mencionar en una ocasión: “He conocido a muchos actores que tuvieron una vida sexual agitada, pero nadie era tan depravado como James Dean”.

1931-1950. James Byron Dean nació el 8 de febrero de 1931. Fue hijo único de una familia de clase media de Marion, Indiana. Su madre, Mildred Winslow, era ama de casa, y su padre, Winton Dean, era agricultor, pero después comenzó a trabajar como protésico dental, y entonces la familia se trasladó a vivir a Santa Mónica, California. Los Dean pasaron varios años allí, hasta que un cáncer fulminante acabó con la madre, convirtiendo a Dean en huérfano a los ocho años, porque en realidad su padre había tenido que casarse con su madre al quedar embarazada, y jamás aceptó que el imprevisto alterara el rumbo de su existencia. Así que en cuanto murió su esposa, Winton se trazó un futuro en el que no había lugar para el hijo. Envió al pequeño Jimmy a Fairmount, Indiana, al cuidado de sus tíos Marcus y Hortense Winslow, mientras él permanecía en California para no perder su puesto de médico dental en el Hospital de Santa Mónica.

 

Su madre, que compensaba con Jimmy su frustración conyugal, le había aproximado al mundo del arte y la cultura. Estudió violín y ballet, actividades que le gustaban pero que, unidas a la sobreprotección materna, le aislaron del resto de los chicos de su edad. Tras la muerte de esa mujer, Dean se guio por los consejos y la amistad del pastor metodista James DeWeerd. Se supone que este hombre pudo haber tenido una influencia formativa sobre Dean, especialmente al haberle creado interés por los toros, las carreras de coches y el teatro. Era un héroe de guerra y un hombre de mundo. Según Billy J. Harbin, “James Dean mantuvo una relación muy cercana con su pastor, la cual comenzó en su último curso de escuela secundaria y duró muchos años”. En la secundaria las representaciones teatrales hechas por Dean pueden considerarse como pobres. Sin embargo, llegó a ser un atleta popular, ya que jugó en los equipos de basquetbol y béisbol, y además estudió arte dramático.

 

DeWeerd le llevaba a Indianápolis a visitar museos y a ver las famosas “500 millas”, las carreras de coches que allí se celebraban. Le presentó a algún piloto y avivó su pasión por la velocidad: Dean ya era conocido en Fairmount por su afición a las motos. Le pasaba también films caseros de sus viajes por lugares exóticos y de corridas de toros en México. En 1997, Elizabeth Taylor reveló un secreto sobre Dean con una condición: no publicarlo hasta que ella se muriera. Luego de su deceso, el periódico The Daily Beast publicó que Liz habría dicho: “Yo adoraba a Jimmy. Voy a decir algo, pero es ‘off the record’ hasta que yo muera ¿de acuerdo? Cuando Jimmy tenía once años y su madre falleció, empezó a sufrir abusos sexuales por parte del pastor de su iglesia. Creo que eso le persiguió durante el resto de su vida. De hecho, sé que lo hizo. Hablábamos mucho sobre ello. Durante el rodaje de Gigante pasamos muchas noches despiertos hablando y hablando, y esa fue una de las cosas que me confesó”. El hecho que el reverendo prefiriera la compañía de muchachos parece avalar que fue DeWeerd quien inició también al actor en el homosexualismo. Incluso el pastor llegó a declarar: “Jimmy se sentía completamente feliz tendido en el piso de mi biblioteca. Nunca habló sobre nuestra relación, tampoco yo. No habría ayudado a ninguno de los dos”.

 

Criado entre tíos, primos y abuelos, Jimmy fue uno del montón. Estudiaba poco, fumaba a escondidas y (lo que más le gustaba) participaba en las obras del colegio. Cuando terminó la secundaria se trasladó a California para iniciar estudios de Derecho, intentando complacer a su padre. Con sus lentes de considerable aumento, tremendamente tímido, casi huraño, pendenciero y torpe con las chicas, James Dean sólo destacaría en las obras de teatro de la Universidad. En la biografía Sobreviviendo a James Dean (2006), del guionista William Bast (compañero y amigo íntimo del actor durante su estancia en la UCLA y luego en Nueva York), el autor describe bastante cándidamente sus cinco años de relación personal con el carismático actor: “Nací, crecí y cursé mi educación primaria y secundaria primero en Kenosha, Wisconsin. Fui a la Universidad de Wisconsin y posteriormente me trasladé a la Universidad de California, en Los Ángeles. Allí me convertí en amigo íntimo y compañero de habitación del todavía desconocido y futuro actor James Dean”. En 1956, Bast publicó su primer libro sobre su amistad con Dean, James Dean: una biografía, pero la historia completa no fue contada en esos años de maccarthysmo y guerra fría, época puritana y correctiva. En ese libro, Bast no aludió a su incipiente homosexualidad, para evitar empañar la imagen de Dean. Esto significó mantener fuera de la opinión pública cualquier aspecto sexual e intelectualmente cuestionable de su relación. En Sobreviviendo a James Dean, en cambio, Bast una vez más narra la vida del icónico actor, libera medio siglo de recuerdos, pero sobre todo revela que él y Dean estuvieron sexualmente involucrados durante cinco años. Su divulgación no es irrespetuosa, vulgar o chocante: simplemente lo escribe como uno de los muchos rasgos de un extraordinariamente complicado ser humano, un hombre ávido de amor, con tendencias bipolares y una dedicación feroz a la actuación.

1950-1954. En 1950 Jimmy se trasladó a Nueva York, y mientras buscaba oportunidad en la actuación hizo de todo: condujo un camión frigorífico, trabajó en un remolcador y hasta fue grumete de un yate. Su primera aparición en TV fue en un comercial de Pepsi Cola, por el que le pagaron unos dólares y el almuerzo. Pero su primera oportunidad como actor fue con un breve papel en la serie Family Theatre, teleteatro donde cada semana se contaba una historia moralizante diferente. El episodio de Dean (marzo, 1951) era una interpretación respetuosa de lo que podría haber pasado entre los seguidores de Jesús en los tres días antes de la crucifixión. La historia está contada en el contexto actual de una compañía del ejército estacionada en Corea durante la guerra, donde a un grupo de soldados se les habla un poco de la historia bíblica para reconfortarlos. Jimmy interpretaba al apóstol Juan. Luego participó en un capítulo de The Bigelow Theatre de CBS y en un episodio de The Stu Erwin Show, mientras debutaba como extra en cine, haciendo de soldado en Bayoneta calada (Fixed Bayonets, Samuel Fuller, 1951).

 

Paul Alexander, otro biógrafo del actor, también aseguró en su libro El bulevar de los sueños rotos (1995) que Dean era homosexual. Según él, los primeros intentos de Dean por ingresar a Hollywood se acompañaron de numerosos contactos homosexuales con cineastas que le prometían papeles en sus films, o con hombres buscando aventuras, a quienes llamaba con ironía “cupones gratis de comida”. Entre los que habría frecuentado, William Bast y Alexander citan como uno de sus amantes masculinos a Roger Brackett, director de radio de una agencia de publicidad, con quien Dean habría convivido varios meses, y al que Bast señala como la mayor influencia en la vida del actor. Para mantenerse trabajaba como auxiliar de estacionamiento en los estudios CBS. Allí conoció a Brackett, que le ofreció ayuda profesional, orientación en su carrera y un lugar donde quedarse. Quince años mayor que él, Brackett, hijo de un productor, había sido ayudante de David O. Selznick y trabajado para Disney: un auténtico retoño de Hollywood, con excelentes contactos en la industria y en los círculos teatrales de Nueva York. Además, era amigo íntimo del notorio agente Henry Willson, representante de Rock Hudson. Por eso, al ver que la carrera de su protegido no arrancaba, le aconsejó que le acompañara a Nueva York en el otoño de 1951. Por supuesto, Brackett costearía todos los gastos. Fue allí donde Dean se forjó una reputación haciendo teatro, publicidad y TV. Un par de años después Jimmy mencionaría que, si bien vivió esta temporada junto a Brackett, fue sólo como amigos o, mejor aún, como padre e hijo, a lo que Brackett respondió dando luz al tipo de amistad real que mantuvo con el actor: “Si fue una relación de padre e hijo, entonces también fue incestuosa”, declaró.

Jimmy se matriculó en el famoso Actor’s Studio de Lee Strasberg, cuyo Método estaba haciendo escuela en el teatro y el cine de entonces. Allí conoció al director Elia Kazan y a Marlon Brando, que acababan de trabajar juntos en la famosa adaptación al cine de la obra de Tennessee Williams Un tranvía llamado deseo (1951). Orgulloso por haber sido aceptado en el Actor’s Studio, Dean lo describió en una carta a su familia en 1952 como “la mayor escuela de teatro. Alberga grandes personas como Marlon Brando, Julie Harris, Arthur Kennedy y Mildred Dunnock. Muy pocos entran en ella. Es lo mejor que le puede pasar a un actor. Yo soy uno de los más jóvenes que allí se encuentran”. Estando en Nueva York también conoció a (y tuvo un romance con) Dizzy Sheridan, que en su autobiografía Dizzy y Jimmy: mi vida con James Dean, una historia de amor (2000), comenta que conoció al actor en Nueva York a fines de 1951, cuando ella trabajaba de bailarina y cantante en clubes nocturnos y algunos musicales de teatro. Mantuvieron un noviazgo, pero al enterarse que Dean tenía una relación homosexual con Brackett decidió terminar el romance: “Jimmy quedó cautivado desde el primer momento que me vio bailar. Tuvimos un montón de diversión. Éramos pobres e inciertos de futuro, pero cuando estábamos juntos no nos importaba. Era como ‘tú y yo contra el mundo’. Ambos estábamos luchando por actuar en Nueva York. El dinero era tan escaso que su casa era una habitación de hotel en el lado oeste, y la cena era a menudo un tazón de avena”. Dizzy declaró que ella fue el primer amor de Jimmy y que, en una ocasión, cuando él salió a comprar comida, se le ocurrió la idea de casarse con ella. La llamó por teléfono desde la tienda y le propuso matrimonio. “Cuando nosotros éramos realmente íntimos me preguntó si podría considerar casarme con él. Ambos éramos tan jóvenes, tan tontos, y estábamos tan enamorados entonces”, agregó la actriz. Sobre esto William Bast es escéptico, y duda si hubo una verdadera relación amorosa, ya que Dean y Sheridan no pasaron mucho tiempo juntos. Sheridan debutaría como actriz de TV en 1977, y su papel más recordado es el de Helen, mamá de Jerry en la sitcom Seinfeld. En cuanto a las amistades gay del actor, Dizzy dice que “Jimmy no quería ser gay”, y sobre Brackett específicamente comenta: “Imaginé a Brackett como alguien a quien Jimmy siempre tenía miedo, alguien de quien quería alejarse. Creo que tenía miedo de la parte sexual de esa relación. Me dijo que él sucumbió a ello porque quería ser alguien”.

 

Luego Dean intervino varias veces como extra en cine: en la comedia de Dean Martin y Jerry Lewis ¡Qué suerte tiene el marino! (Sailor Beware, Hal Walker, 1952), como el segundo oponente de boxeo; es el chico que conversa con el encargado de una fuente de sodas en el musical de Douglas Sirk Lo que hace el dinero (Has Anybody Seen my Gal, 1952), con Piper Laurie y Rock Hudson; y asomó como espectador de fútbol en Camino de adversidad (Trouble Along the Way, Michael Curtiz, 1953) con John Wayne y Donna Reed. Además, entre 1952 y 1954 actuó por lo menos en 17 programas para TV. Nada hacía presagiar lo que vendría a continuación, eso que haría que haya una máscara dorada con su rostro, junto a las de Keats y Beethoven, en el Salón de Honor de la UCLA. En 1954 consiguió la oportunidad de actuar en Broadway, bajo la dirección de Daniel Mann, en las obras See the Jaguar y El inmoralista de André Gide, que le valió el Premio a la Revelación del Año. Eso le permitió conseguir una entrevista en la Warner, cuando el cine necesitaba desesperadamente una estrella, ya que la competencia con la TV era feroz.

 

En 1953 Dean conoció a otra joven actriz del teatro neoyorquino, Barbara Glenn, que fue su novia durante dos años, pero esa “relación” fue a distancia, ya que coincidió con el ascenso de la carrera de Dean como actor y los ensayos de El inmoralista, donde hacía el papel de un chico norafricano, montaje que Jimmy consideraba una porquería, pero del que pronosticó que probablemente sería un enorme éxito. Fue tan bien recibido en su rol que pronto dejó la obra para marcharse a Hollywood, donde fue requerido para rodar la que sería su primera película como protagonista. “Como recuerdo sus historias”, declaró Keith Gordon, hijo de Barbara Glenn, “mi madre fue presentada a James Dean –a quien ella siempre se refirió como Jimmy- por su mutuo amigo Martin Landau, a finales de los años 40 o principios de los 50 en Nueva York, donde todos ellos eran jóvenes actores principiantes y luchaban juntos. Ella nunca discutió su romance a gran detalle, pero yo sabía que Jimmy fue su primera relación seria. Esta fue aparentemente muy intensa y envolvió numerosas rupturas y reconciliaciones, pero a menudo permanecía su amistad, incluso durante los malos tiempos. Eventualmente mi madre conoció a mi padre, Mark Gordon, un actor y director, y rompió con Jimmy para estar con papá. Jimmy en realidad le permitió marcharse. Incluso él sabía que lo que ellos tenían era demasiado frágil, era un drama en el que nunca nada era estable”.

DEAN ES CAL TRASK. Los trabajos iniciales de Jimmy culminaron con el estreno de su primer éxito como protagonista. Dejó a todos impactados por su interpretación en Al este del paraíso (East of Eden, Elia Kazan, 1955), basada en novela de John Steinbeck, que recrea el drama de un hijo que decide oponerse a su padre (Raymond Massey) hasta las últimas consecuencias, por sentirse rechazado en favor de su incorruptible hermano Aaron (Richard Davalos). Por primera vez en la historia del cine un galán lloraba en la pantalla, reclamando el amor que su rígido progenitor no sabía darle. Inmediatamente miles de jóvenes se identificaron con él. Se sabe que Kazan primero barajó la posibilidad que Marlon Brando interpretara a Cal, y que Montgomery Clift hiciera de Aaron, pero ambos tenían respectivamente 30 y 34 años, así que eran demasiado viejos para interpretar a los hermanos adolescentes descritos por Steinbeck. Irónicamente, Paul Newman, quien era sólo un año menor que Brando, fue finalista en el papel de Cal, que terminó siendo interpretado por Jimmy, siete años menor que Newman. Los cuatro eran miembros del Actor’s Studio. El papel del gentil Aaron fue para el neoyorquino Richard Davalos, que sólo tenía 19 años. Él y Dean se hicieron muy amigos durante el rodaje. Julie Harris dio vida a Abra, la novia de Aaron seducida por la personalidad huraña de Cal. La película le dio el Oscar como actriz de reparto a Jo Van Fleet, por su encarnación de la distanciada madre de los protagonistas. Además, el film consiguió nominaciones al guion, el director y el actor (Dean), sólo que al momento de anunciarse las nominaciones ya había muerto. Fue la primera de sus dos nominaciones póstumas.

 

Elia Kazan, en su autobiografía de 1988 Una vida, dice que durante la producción de Al este del paraíso tuvo que hacer que Dean se mudara a un bungalow cercano al suyo en el lote de Warner para mantenerlo vigilado, pues llevaba una salvaje vida nocturna. Con una personalidad inestable, promiscuo, calculador, maniaco-depresivo y consumidor de drogas, en un mundo en que todo esto era habitual, todos los que lo conocieron afirman que hacía lo posible por escandalizar: escondía su dinero en un colchón, se olvidaba de asistir a los ensayos y no estudiaba los diálogos. Los periodistas que lo entrevistaron se sorprendieron frente a un muchacho que a veces no respondía más que incoherencias, o se quedaba mudo mirando el vacío. Empero, todos han destacado su particular manera de construir un personaje.

 

Marlon Brando, en su autobiografía de 1994 Canciones que mi madre me enseñó, dice que Dean, que lo idolatraba, basaba su actuación y su estilo de vida en lo que él pensaba era el estilo de vida de Brando. Recordemos que Brando sostuvo una terrible relación con su dominante e irritante padre, quien nunca le reconoció logros en la actuación, relación muy tensa hasta el final de su vida. Según Brando, Dean a menudo lo llamaba a su casa, dejando mensajes en el contestador. Brando podía a veces escuchar silenciosamente cómo Dean pedía al servicio que su ídolo le llamara. Brando, perturbado porque el muchachito estaba copiándolo en todo, no devolvía las llamadas. Los dos se encontraron tres veces: en el set de Desirée de Henry Koster (1954), donde Brando interpretaba a Napoleón; en el de Al este del paraíso; y en una fiesta, donde Brando se apartó de Dean diciéndole que sus problemas emocionales requerían urgente atención psiquiátrica. En una entrevista con Gary Carey, por su biografía de 1976 The Only Contender, Brando mencionó respecto a sus preferencias sexuales: “La homosexualidad es tan sólo una moda, en tanto no tienes noticias. Como muchos hombres, yo también he tenido experiencias homosexuales y no me avergüenzo. Nunca he prestado mucha atención a lo que la gente piensa acerca de mí. Pero si alguien está convencido que Jack Nicholson (por entonces su compañero de reparto en Duelo de gigantes) es mi amante, puede continuar haciéndolo. Me parece muy divertido”. Por su parte, Dean mencionó en cierta ocasión: “La gente me decía que me parecía a Brando, incluso antes que yo supiera quién era Marlon Brando. No me ofende la comparación, pero tampoco me halaga”. La pregunta es: ¿tuvo Jimmy algún encuentro sexual con Brando? Muchos biógrafos señalan que, aunque no hay pruebas concluyentes, no puede darse por descartada la opción. Dormir con su ídolo debía ser uno de los muchos retos que podía auto imponerse Jimmy, pero por supuesto eso ya nunca lo sabremos.

DEAN ES JIM STARK. La generación adolescente del 50 fue la primera que disfrutaba de coche, TV, habitación propia y todos los bienes materiales que sus padres y abuelos jamás soñaron. Sobre todo, tenían tiempo libre y una capacidad económica desconocida a su edad. No es casual entonces que el mito de James Dean coincidiera con el nacimiento del rock. Por primera vez los más jóvenes, abandonada la niñez, no debían preocuparse de cubrir sus mínimos gastos, y podían plantearse si les gustaba el mundo que les rodeaba y qué hacer con sus vidas. La siguiente película de James Dean así lo demuestra. Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause, Nicholas Ray, 1955) arrasó en la taquilla de los cines, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. Por primera vez en la historia, los jóvenes se sentían representados por aquel antihéroe que frenaba su coche al borde del abismo y reclamaba, con desesperación, que su padre asumiera el rol de conductor de la familia y no se dejara castrar por el egoísmo de una esposa y madre autoritaria. Con su personaje de Jim Stark Dean rompería todas las barreras, logrando la unión en torno a su figura del público homosexual y del heterosexual, alcanzando que se vendieran cuatro millones de camperas rojas similares a las que utilizó en la película, y consiguiendo que toda una generación se pusiera de pie, generación que se sentía defraudada de sus padres, a los que consideraba que no debía nada, y de quienes no había recibido ningún afecto.

 

Dando por sentado su indiscutible talento y la extraordinaria fotogenia que lucía ante la cámara, lo que en realidad consagró a Dean fue su capacidad de dar vida a un nuevo ídolo juvenil. Fueron las chicas y sobre todo los gays quienes lo convirtieron en su actor fetiche favorito. Atraído por la notoria ambigüedad de Jimmy, al público homosexual no le pasó desapercibida la tensión erótica latente en algunas escenas, como las rodadas junto a Sal Mineo. Sal era por entonces un adolescente de 16 años que iniciaba su carrera en cine y TV, y está considerado el primer joven que protagonizó a un gay en la pantalla grande, preferencia sexual que también practicaba en la vida privada. Que al personaje de Platón le atraían los hombres se veía venir desde el inicio de la película. Si no, ¿cómo explicar la fotografía de Alan Ladd guardada en su casillero de la escuela? También saltaba a la vista la atracción por su compañero Jim Stark desde el momento que lo conoce reflejado en el espejo del casillero, por más que los censores intentaron enmascarar todo bajo una relación que aparentaba suplir las carencias afectivas del menor. El público gay lo detectó al primer instante. A pocos les pasó desapercibida la forma en que Platón se comportaba con su amigo, las miradas, los gestos y hasta un beso que se llegaban a dar ambos en una escena eliminada por la censura. Muchos se sintieron identificados con aquel jovencito latino, y envidiaban su privilegiada proximidad junto al rubio actor. Además, por primera vez un adolescente gay no era caricaturizado en la pantalla. Lo que no todos sabían es que Salvatore Mineo amaba en silencio a James Dean. De esa fascinación fue consciente el propio Nicholas Ray, quien la aprovechó para otorgar mayor intensidad al film. Cuando su biógrafo Paul Jeffers preguntó a Mineo si se había acostado con Jimmy, contestó: “De habérmelo pedido habría ocurrido al instante”, y añadió: “Si hubiera entendido entonces que un chico podía enamorarse de otro. Pero no lo supe hasta años después, cuando ya era demasiado tarde para Jimmy y para mí”. Sal Mineo estuvo nominado al Oscar en dos ocasiones, ambas como actor de reparto, por Rebelde sin causa y por Éxodo de Otto Preminger (1960), y -dato morboso para cinéfilos- al igual que sus compañeros Jimmy Dean y Natalie Wood, murió joven y de manera trágica.

 

Según sus biógrafos, a Dean le gustaba reunirse con muchos amigos, sentirse el centro de atención, obligándoles a escuchar cómo recitaba las obras clásicas sin parar. También los asistentes a esas reuniones (Sal Mineo, Natalie Wood, Ursula Andress, Montgomery Clift, Elizabeth Taylor, Pier Angeli y muchos más) contaron sobre los constantes excesos del actor y la mínima importancia que le daba a su físico y su salud. Deseaba sentirse amado, admirado, y su egocentrismo en esas fiestas era realmente asombroso. El suyo fue uno de los peores casos de fama mal digerida: escupía a los retratos de las estrellas que decoraban la Warner, orinaba en público, no se bañaba, y solía fingir que al toser perdía el puente que suplía los dientes delanteros perdidos mientras jugaba de niño. Una de sus últimas travesuras, poco antes de morir, fue hacerse fotos dentro de un ataúd. “Lo más escalofriante”, bromeó ignorando lo cerca que estaba de ocupar uno, “es que al cerrarlo la tapa te aplasta la nariz”.

¿GAY DESATADO? Su homosexualidad era un lastre que llevaba desde niño, la sentía vergonzante según Liz Taylor, y la ocultó siempre con cinismo festivo. Es incuestionable que la mayoría de sus amigos (Jonathan Gilmore, Jack Simmons, Sal Mineo, Tab Hunter, Nick Adams) eran gays, y que convivió con algunos en plan íntimo. Cuentan que mientras rodaba Rebelde sin causa frecuentaba un club gay, donde se inició en juegos sadomasoquistas. A Jimmy le gustaba ser manipulado, sentirse violentamente seducido en el más amplio sentido de la palabra. Una de sus desviaciones famosas era la de ser pisoteado totalmente desnudo por todas las partes de su cuerpo. Para ello elegía cuidadosamente a sus torturadores, siempre hombres de cuero negro, fuertes, seductores, a los que pagaba exageradas cantidades de dinero, y con los que acababa en su casa, dejándose hacer de todo. En su autopsia constó que su cuerpo, en especial el torso, estaba lleno de muy raras cicatrices.

 

En el libro El bulevar de los sueños rotos Paul Alexander publica que era masoquista y homosexual, y que “le gustaba tanto hacerse quemar los brazos con cigarrillos, que sus amigos más íntimos lo habían bautizado el cenicero humano”. En entrevistas realizadas con amigos del actor y hombres que supuestamente mantuvieron relaciones sexuales con él, todos detallan que “Dean era un homosexual asumido, que odiaba a las mujeres, pero se veía obligado a frecuentarlas porque la Warner así se lo exigía”. Curiosamente, en la Unidad de Servicio Selectivo de Fairmount el actor expresó (fue la única vez que lo hizo) su repulsa a ser reclutado a Corea, aludiendo que era homosexual, lo cual por entonces estaba clasificado como trastorno mental por el gobierno de Estados Unidos. En realidad, pudo haber alegado tener pie plano, que también eximía del servicio militar. Poco tiempo después, en una entrevista le preguntaron cómo había hecho para librarse de ser reclutado, y su respuesta fue: “Le di un beso al médico”. Del mismo modo, en otra entrevista en la que le preguntaron si era gay, el actor tuvo la ocurrencia de responder: “No, no lo soy, pero tampoco voy por la vida andando con una mano atada detrás de mi espalda”. Rodando Rebelde sin causa, Nicholas Ray debió llevarle a una farmacia a comprarle un medicamento para combatir una infección que el actor padecía en sus genitales. Natalie Wood se quejaba que no paraba de rascarse, y eso la ponía enferma. También se dice que, en un descanso del rodaje, cuando el grupo se disponía a comer, tiró toda la comida al suelo sin motivo. Eran reacciones de un enfermo, y como tal se comportaba.

 

Temprano en la carrera del actor, después que hubo firmado contrato con la Warner, el Departamento de Relaciones Públicas del estudio comenzó a generar historias sobre las amistades de Dean con una variedad de jóvenes actrices, que mayormente procedían de la clientela de su propio agente, Dick Clayton. Los comunicados de prensa del estudio apuntaban a Dean y otros dos actores (Rock Hudson y Tab Hunter), identificados como solteros disponibles que todavía no han tenido tiempo para comprometerse con una sola mujer: “Dicen que sus planes cinematográficos están en conflicto con sus matrimonios”. La relación más recordada del actor con una mujer fue con la joven actriz italiana Pier Angeli, a quien conoció mientras ella filmaba El cáliz de plata de Victor Saville (1954) en un lote adyacente de Warner, y con quien intercambiaba costosas joyas como muestras de amor. La madre de Pier desaprobaba la relación, porque Dean no era católico. En su autobiografía, Elia Kazan descartó que Dean no tuviera éxito con las mujeres por su preferencia homosexual, refiriéndose paradójicamente al romance de Dean con Angeli, afirmando que había escuchado los gemidos de la joven haciendo el amor en el camerino del actor. Por corto tiempo, la historia de un romance entre Angeli y Dean fue promovida incluso por el propio actor, que alimentó a la prensa chismosa, y por su coprotagonista Julie Harris, quien en entrevistas informó que Dean le confesó estar locamente enamorado de Angeli. Sin embargo, en octubre de 1954 Angeli inesperadamente anunció su boda con el cantante ítalo-americano Vic Damone, causando profunda irritación a Jimmy.

 

Pier Angeli se casó con Damone al mes siguiente, y los columnistas informaron que Dean, o alguien vestido como él, fue captado vigilando la boda desde la carretera montado en su motocicleta. Sin embargo, cuando su amigo William Bast le preguntó acerca de esos informes, Dean negó que hubiera hecho algo tan tonto, y tanto Bast como Paul Alexander creen que la relación fue un simple ardid publicitario. Por su lado, Pier Angeli sólo habló una vez acerca de esta relación en su vida posterior, en una entrevista en la cual dio vívidas descripciones de las reuniones románticas que sostuvo con Dean en la playa. El biógrafo John Howlett, igual que Bast, calificó esas declaraciones como fantasías. También se dice que Dean, devastado por el compromiso de Angeli, se encontró con Vic Damone en un restorán en la víspera del casamiento y le dijo: “Tú te puedes casar con ella, pero ella no es tuya, nunca lo fue y nunca lo será”. Los dos hombres se habrían agarrado a golpes y los guardias de seguridad tuvieron que separarlos. Meses después, Dean se encontró con Damone nuevamente, la noche anterior del nacimiento del hijo de éste. El feliz padre tomó una botella de champagne y dirigiéndose hasta la mesa donde Dean estaba le dijo: “Brindemos por mi hijo”. Jimmy levantó su copa y respondió: “Brindaré por mi hijo en todo momento”. Damone confesaría más tarde que tenía dudas en cuanto a la paternidad de ese vástago.

DEAN ES JETT RINK. La siguiente y última película de Jimmy fue Gigante (Giant, George Stevens, 1956), poderosa adaptación de la novela de Edna Ferber sobre una familia de ganaderos en Texas durante tres generaciones, en la que acompañó nada menos que a Elizabeth Taylor, Rock Hudson, Carroll Baker y, como en Rebelde sin causa, a Sal Mineo y Dennis Hopper. Ahí Dean interpretó a Jett Rink, un arrogante y joven empleado de la familia Benedict, que tiene la suerte de encontrar petróleo en unas tierras que ha heredado, pero pese a su inmensa fortuna no consigue lo que realmente le importa: Leslie (Taylor), esposa de Jordan Benedict (Hudson). Tanto para Taylor como para Hudson esta película significó su gran oportunidad como estrellas protagonistas, y juntos comenzaron una famosa amistad que perduró a través de los años. Hudson se imponía como galán de moda de los años 50, alto, atlético y varonil. Sin embargo, también cargaba un secreto a cuestas: era homosexual, y tanto él como Dean hallaron en Liz a la mejor confidente de sus anhelos e inseguridades. Dean confesaba a la actriz sus inquietudes, preocupaciones y penas, aunque jamás siguió sus consejos: era un hombre libre, temperamental, inestable emocionalmente, y con una personalidad tan variable que sería un paciente francamente interesante para cualquier psicólogo. Tenía todos los perfiles del clásico esquizofrénico, y como tal se comportó durante su corta vida.

 

Gigante se rodó en la primavera de 1955 bajo un calor sofocante, acrecentado por la rivalidad absoluta entre Hudson y Dean, pese a existir una atracción mutua que traspasaba la misma cámara. Dean llegó hasta las manos en más de una ocasión, sintiendo celos del actor, al que llamaba cerdo y llegó a odiar por sentirse rechazado. Todo esto lógicamente fue muy incómodo para el equipo, sobre todo para Liz, amiga de ambos, pero gratificante por el resultado final, donde los personajes interpretados por ellos reflejan, mejor que en cualquier otra película, la rivalidad, el poder, el amor y el odio entre dos hombres por la conquista de la tierra, canalizada a través de la figura de una bella mujer. Hay una entrevista que le realizaron meses antes de fallecer, en la cual el periodista puntualizaba su labor como una de las peores experiencias de su vida. Durante su trabajo, cuenta el entrevistador, el carácter de Dean fue de lo más cambiante, desde quedarse mirándole fijamente sin pestañear, hasta responder con frases totalmente fuera de contexto, hacer cosas raras con los dedos o enmudecer, marcando pausas a su antojo. Ya en aquellos días la adicción a las drogas, el alcohol y demás sustancias habían marcado su vida de forma dramática. Fumó marihuana durante el rodaje de Gigante de forma constante. George Stevens tuvo que ordenar que retiraran sus primeros planos en el film, porque se veía perfectamente en sus ojos el halo de típico ausentismo producido por la droga.

 

El último interés romántico público de James Dean en 1955 fue la guapa Ursula Andress, actriz suiza que tenía entonces 19 años, y que comenzaba su carrera. Había intervenido en tres películas italianas en pequeños roles y recién llegaba a Hollywood, con un contrato firmado por Columbia, gracias al apoyo que le confirió otro de sus intereses románticos, Marlon Brando. Con James Dean tuvo una breve y agitada relación, antes de casarse con el actor John Derek en 1957. Por su lado, el siempre amigo William Bast escribe sobre su relación con el actor durante sus últimas semanas de vida: “El siguiente año y medio estuvo lleno de más trabajo en TV para mí y tres películas para Jimmy, que estuvo en locación de manera casi constante. Pero llegamos a pasar algún tiempo juntos entre las películas. Fue un periodo increíble. Jimmy repentinamente se volvió una estrella de cine, yo lentamente hacía más TV. Entonces, tan de repente, todo esto acabó. Al menos para Jimmy”. Y es que el 30 de setiembre de 1955, el rebelde encontró la muerte a los 24 años en un accidente automovilístico a bordo de su Porsche 550, cuando se encontraba en la cima de su fugaz carrera artística. Dean participaba en competencias de automóviles, pero el día que iba a debutar con el nuevo 550 ocurrió la tragedia.

MITO TRÁGICO. Jimmy casi había finalizado el rodaje de Gigante y tenía libre el día siguiente para participar de una competencia automovilística en el aeropuerto de Salinas, cerca de San Francisco. Por eso tenía su novísimo Porsche en los talleres de Competition Motors, donde su amigo y mecánico Rolf Wuetherich le daba los últimos ajustes antes de ponerlo en pista por primera vez. Al principio intentó llevarlo a Salinas sobre un tráiler enganchado a su Ford Station Wagon 55, pero finalmente decidió conducirlo para tener idea de cómo se comportaba, antes de encarar su primer desafío con el 550. La noche anterior le dejó su gato a Elizabeth Taylor para que se lo cuidara, ya que le habría dicho que temía que algo le podía pasar. Con respecto al nuevo Porsche, apodado por Jimmy Little Bastard (Pequeño Hijo de Puta), sus amigos le habían advertido el peligro que iba a correr de no manejar con prudencia su máquina, lo que constituiría una premonición acerca de lo acontecido el 30 de setiembre.

 

Por la mañana el actor telefoneó a Ursula Andress y le pidió ir con él a San Francisco, pero después de hablar con John Derek la actriz no se sentía dispuesta a abandonar a su nueva apuesta amorosa. Dean se percató que Ursula estaba enamorada de Derek, así que abandonó Los Ángeles sin ella y decidió viajar acompañado por Wuetherich. El ídolo de los jóvenes comenzó su periplo, pero antes se detuvo en Blackwells Corner para comprar una Coca Cola y una manzana. Reanudó la marcha y una hora después (llegando a la intersección de las rutas 41 y 46, cerca de la ciudad de Cholame, a 300 km al noroeste de Los Ángeles) vio un auto en dirección contraria. “Tiene que detenerse, tiene que vernos”, gritó Dean, pero no fue así: Dean chocó de costado con un Ford Custom Tudor Coupé 1950 manejado por el estudiante Donald Turnupseed, que venía en dirección opuesta y al parecer no advirtió al Porsche plateado en la mano contraria. Rolf salió despedido del auto, se quebró una pierna y tuvo múltiples contusiones y cortes, pero el actor sufrió fractura de cuello y heridas internas, por lo que murió instantáneamente, antes de llevarlo al hospital de Paso Robles. Entre los pliegues de su mítica campera de cuero rojo estaba la medalla de San Cristóbal que le había dado Pier Angeli. Dean solía asegurar con sonrisa triste que nunca le pasaría nada gracias a esa medalla. Turnupseed sufrió heridas menores y declaró que nunca vio el auto de Dean acercándose, hecho que parece entendible debido al reflejo del atardecer y el color plateado del coche de Dean. Los familiares de Dean no presentaron cargos contra el conductor del Ford, pero el asunto no quedó allí: en 1981 Rolf Wuetherich terminaría muriendo en Alemania en un accidente, mientras conducía un Honda por una autopista.

Con una carrera cinematográfica de sólo 16 meses Dean se había convertido en símbolo de toda una generación. Los fans se negaban a creer la desaparición del ídolo: se tejieron historias que lo daban por vivo, aunque terriblemente desfigurado luego del accidente, repitiendo lo especulado 29 años antes con Rodolfo Valentino. Los genios de promoción de Warner no lo habrían planeado mejor. Si el objetivo era vender la imagen de James Dean, ídolo juvenil en ciernes, pero con un futuro limitado por su espíritu autodestructivo, el destino les brindó la solución más imaginativa, incluso con unas gotas de grandeza épica: un accidente de tráfico. Y no un accidente cualquiera, sino el más famoso de la historia del cine. ¿La fecha? La ideal: cuatro días antes del estreno de Rebelde sin causa. Gigante estaba finalizando su posproducción. Para los fans, Dean había estrenado un solo film, Al este del paraíso, sin contar los que había sido extra. Por su interpretación en Gigante fue de nuevo nominado póstumamente al Oscar como mejor actor, compartiendo la terna con su compañero Rock Hudson. La película recibió diez nominaciones, pero únicamente obtuvo el Oscar al mejor director para George Stevens. Fue el año en que el ruso Yul Brynner ganó su estatuilla por interpretar el musical El rey y yo de Walter Lang, y que como mejor film venció la pintoresca y millonaria adaptación de La vuelta al mundo en 80 días de Michael Anderson, con producción de Mike Todd, esposo de Liz Taylor, y protagonizada por David Niven, Cantinflas y Shirley MacLaine. A la fecha Jimmy es el único actor nominado dos veces al Oscar de manera póstuma y consecutiva.

 

El 28 de julio de 1955, dos meses antes del fatal accidente, aprovechando una pausa del rodaje de Gigante, Dean y el actor Gig Young grabaron un publicitario del film en un plató contiguo, para su futura emisión en TV. Vestido como Jett Rink, Jimmy charló con Young sobre coches, sobre su éxito en las carreras y sobre los peligros de conducir rápido en la autopista, y remató la entrevista en forma lapidaria: “Me he vuelto más cauteloso en las autopistas. No tengo necesidad de correr tanto. La gente dice que correr es peligroso, y ahora me arriesgo sólo en los circuitos, no en las autopistas. Conduzcan despacio: la vida que salven puede ser la mía”.

 

Hoy día James Dean a menudo es considerado un icono debido a su experimental forma de vida, que incluyó una sexualidad ambivalente. El guionista Gavin Lambert, él mismo homosexual y parte de los círculos gay de Hollywood en los años 50-60, describe a Dean como homosexual, y Nicholas Ray dijo lo mismo. Sus biógrafos William Bast y Paul Alexander también lo aseguran, mientras que John Howlett concluye que Dean era ciertamente bisexual. Bast ha asegurado: “Habiendo probado ambos lados del banquete sexual, Dean estaba a punto de definir su sexualidad cuando murió”. Aseveraciones casi corroboradas por el propio actor en varias declaraciones, por ejemplo: “Un actor debe aprender todo lo que puede saberse. Experiencia: hay que experimentar todo o acercarse a ello lo más posible”. O: “No puedo cambiar la dirección del viento, pero sí ajustar mis velas para llegar siempre a destino”. O también: “Lo mejor de ser soltero es que te puedes meter en la cama por el lado que quieras”.

En las biografías televisivas que se han hecho sobre el actor, pocas exploran ese aspecto de su vida. Sin embargo, esto cambió ahora, ya que en 2012 el escritor y cineasta Matthew Mishory dio a conocer su ópera prima, el film Joshua Tree, 1951: A Portrait of James Dean, en el que muestra sin censura la vida sexual de Dean. Producida por Iconoclastic Features, en el rol principal de este film rodado en blanco y negro figura James Preston, joven modelo y actor conocido a través de la serie de TV The Gates. El resultado es una aproximación al lado más gay del actor. La película posee una fotografía bastante buena, al estilo de Buenas noches y buena suerte, y aunque no se ha buscado que los intérpretes tengan la apariencia física de los divos que retratan, esta producción independiente e intimista movilizó a los fans del fallecido actor. El título hace alusión al famoso parque nacional estadounidense, y 1951 permite adivinar la ubicación temporal de la trama: el momento en que Jimmy comenzó su trabajo televisivo en Nueva York y debutó como extra en cine. Además, mientras compartía habitación con William Bast, se involucraba con Roger Brackett, conocía a Lizzy Sheridan y se matriculaba en el Actor’s Studio.

 

Lo verdaderamente interesante de todo esto es que a 90 años de su nacimiento y 66 de su muerte Dean continúa tan vigente y lleno de fama como cuando expresaba que “no sólo quiero ser el mejor. Quiero llegar tan arriba que nadie pueda alcanzarme; y no para demostrar nada, sino para estar donde hay que estar cuando se le dedica toda la vida y todo lo que uno es a una sola cosa. Creo que sólo hay una forma de grandeza para el hombre, y es cuando puede salvarse la brecha entre la vida y la muerte. Quiero decir, si puede vivir después que ha muerto, entonces tal vez fue un gran hombre. Para mí el único éxito, la única grandeza, es la inmortalidad. Vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver”. Puede decirse que lo logró en forma total y absoluta.

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.