CINECLUBISMO: una tarea generosa

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CINECLUBISMO: una tarea generosa

Por Juan Carlos Arch

A diferencia de las otras disciplinas del cine, los cineclubistas somos generosos. No nos importa qué piensen los demás, para nosotros lo más importante es que la gente vea el buen cine. Y con lo de buen cine no estamos bajando línea ni etiquetando nada, simplemente queremos que las películas que hacen ruido en los festivales, los cenáculos de cualquier tipo, en la crítica, las experimentales, las raras, las de países remotos y hasta las que se destaquen dentro de la oferta comercial, lleguen a nuestros queridos asociados, cómplices eternos de esta pasión.

Y que quede claro que es una pasión, no una manía. No somos los locos del cine, sino lo que hemos adoptado al cine como medio de comunicación ideal. Por eso creemos que todas las culturas tienen un lenguaje, que por más lento, jodido o extraño que sea ese lenguaje, una manera de expresarse que nosotros no sólo queremos conocer sino también entender.

Y digo que es una tarea generosa porque en mi larga experiencia cineclubística, que me llevó de aquí para allá en nuestro país y en el mundo, nunca conocí a un colega amarrete. Todos somos capaces de recorrer distancias, gastar teléfono, hacer entrevistas y cualquier cosa que demande nuestro tiempo, para conseguir o ver una película. Con el deseo de cumplir nuestra máxima satisfacción: mostrarla a quienes nos acompañan, aunque muchas veces no se valore el esfuerzo.

No somos coleccionistas, tampoco aquerenciados cuidadores tipo cinemateca. Nuestra alegría es mostrar, hace cuidar las películas, promover polémicas en torno a ellas y difundir esta hermosa ‘droga’ de las imágenes para que todos sean adictos. Un cineclubista que consiguió, vaya a saber dónde, algún título ansiado, es tan feliz como si hubiera ganado la lotería.

Sepa el que lea estas líneas que aunque lo parezca, los cineclubistas no estamos en extinción. Cine Club Rosario lo demuestra con estos cincuenta años de vida ¡y que no parezcan pocos!, y el año que viene llegará a sus Bodas de Oro su colega santafesino, y después vendrá el turno del Núcleo de Buenos Aires. Y ahora, aunque los cineclubes que todavía usan el 35 mm. sólo sean estos tres cincuentones, hay más de cien en este país que lo hacen por el sistema de video ampliado, simplemente porque interesa más la película que el soporte.

Y bueno, estas líneas son para celebrar a los colegas rosarinos, que con la misma alegría de siempre, con la misma disposición y entrega, el mismo humor aunque los tiempos vengan al revés, siguen siendo generosos con su público y con sus colegas., eternos cómplices en la hermosa tarea de rescatar títulos que nadie se acuerda de ver. El objetivo fundamental de una cineclubista es compartir lo que descubre. No es necesario que se comparta esta pasión en cuanto a la calidad del filme, sino al hallazgo de poder verlo.

En esta fecha memorable que señalan 50 años de camino es importante el festejo, simplemente porque estimula a seguir caminando. El tiempo, máximo juez, nos acuerda autoridad para seguir insistiendo aunque estos tiempos de globalización indique que Hollywood ha ganado una batalla. No importa, la guerra no se ha terminado (perdón Alain Resnais) y aquí estamos para seguir disfrutando de esa maravilloso rectángulo nocturnal, de esa ceremonia de la sala oscura, viendo, por supuesto, un cine distinto.

UN  CINECLUB  SUSTITUYE  EL PIZARRÓN POR LA PANTALLA

El cineclubismo  es una  tarea  noble  y  solidaria, en la medida que su mayor  objetivo es acercar a un publico potencial, las expresiones cinematográficas que tratan de comunicar, de decir, de preguntar, de experimentar con el arte de las imágenes, o sea el arte de nuestro siglo y del que empezamos a vivir. Es ese público el que va a devolver la pregunta, el que va a reflexionar a partir de esta expresión, el que también está dispuesto a experimentar, a cambiar, a enriquecerse. El cineclubismo solo es posible entonces a partir de esta sociedad, entre quienes difunden y quienes deseen compartir la propuesta. Por eso, un cine club es algo así como una escuela que sustituye el pizarrón por la pantalla, el profesor por la película, y  bien sabemos que el mejor alumno es el que quiere aprender. Como seleccionador del material a ver, el cineclubista está cumplido cuando lo que ofrece es aceptado como alternativa estética, como aporte de ideas, como interrogantes del mundo que habita. Es también una mano tendida a la amistad que puede brindar el cine, cuando esa magia de la sala oscura encuentra cómplices solidarios en querer mejorar el mundo, el cine y la vida.

Decía Godard que el cine es la expresión de los buenos sentimientos. Curiosa definición que encuentra  su sentido cuando esa nobleza de la mirada entra en juego. El cine es eso, mirar, saber mirar para que otros puedan ver. La belleza entonces está en esa conjunción de la mirada y la visión.

Hoy iniciamos un ciclo, se llama Cine Estudio y no es nombre rebuscado ni pretencioso, quiere decir simplemente que vamos al cine a estudiar, que vamos a ver las películas que no encuentran su lugar en un mundo que queremos mejor, entre tantas otras cosas, para poder ver el buen cine que hacen quienes no piensan tanto en la boletería.

Estudiar, según el diccionario, es “esfuerzo del entendimiento para comprender alguna cosa”. Eso significa destruir al espectador pasivo para hacerlo activo. Con esa esperanza, con la de encontrar más  cómplices para esta aventura, iniciamos este ciclo, que agregamos a nuestras actividades de siempre.

Juan Carlos Arch

Presidente Cine Club Santa Fe

Texto para inaugurar el Ciclo Cine Estudio, de Cine Club Santa Fe| 1999.

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