Coproducciones

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El cine argentino es reconocido a nivel mundial, sus películas ganan premios y dinero en cada uno de los festivales que asisten. A pesar de todo esto resulta imposible financiarlas con capital local. Por ese mismo motivo, si existe algún éxito económico muchas veces es capitalizado por otros.

Es cierto que sin el aporte de capitales extranjeros, el cine argentino no podría filmarse. En este último tiempo nuestra filmografía, con interesante cantidad y calidad de productos (aproximadamente cien películas se filman al año), no logró un funcionamiento autónomo para financiar y producir sus películas. Hasta ahora ha dependido principalmente de las coproducciones y fondos de ayuda europea.

La única industria del cine sostenida por capitales privados es Hollywood, en todo el resto del mundo sólo hay cine donde el Estado tiene la voluntad de que lo haya, de manera que sin los créditos y subsidios (y protecciones) del Instituto acá no habría nada. En países de Europa no sólo hacen una inversión importante sino que a su vez regulan a los privados, fundamentalmente a los canales de televisión para que se vean obligados a proteger el cine local.

Según el productor cinematográfico Hernán Musaluppi, de Rizoma Films, cuando se habla de coproducciones, se debe diferenciar la oficial de la financiera. Una coproducción oficial es cuando la película es cofinanciada por productores de dos o más países en el marco de un convenio que impone una serie de obligaciones para obtener una serie de beneficios, en este caso recibiría los subsidios de los institutos de cine implicados. La coproducción financiera es una película nacional con aportes extranjeros.

Una coproducción oficial tiene como objetivo la integración y existen al menos tres condiciones: que el productor local aporte cómo mínimo un 20 % del presupuesto; que un mínimo de dos técnicos cabeza de equipo y dos actores (uno protagónico y uno secundario) sean locales; y que algunos procesos (posproducción o armado de banda de sonido por ejemplo) se realicen en el país. Entonces el límite de países que pueden participar en una coproducción podría ascender a cinco. El problema que surge en este caso tiene que ver con no perjudicar la narración, es aquí donde encontramos a un pariente español, un taxista argentino en España, chat entre personas de distintos países, entre muchísimos ejemplos que en una historia no son tan fáciles de articular (actualmente se discute eliminar la cláusula que exige actores, y sumar más técnicos). En cada asociación comercial existen diferentes razones ya sean económicas, históricas y culturales que justifican que sea viable la coproducción.

Estos aportes económicos tuvieron un protagónico central, y de reconocimiento internacional, en lo que hoy se conoce como el Nuevo Cine Argentino. El negocio del cine en general, financiar y producir, y no sólo los cambios estéticos y cuantitativos que se produjeron, son también las nuevas formas que se tendrían que considerar en una cinematografía nacional.

El tan mentado Nuevo Cine Argentino comienza a construirse con películas como “Pizza, birra, faso” (Caetano- Stagnaro, 1997) , financiadas con dinero de amigos y familiares, y con productos como “Rapado” (Rejtman, 1992); en este caso la película de Rejtman fue la primera en recibir apoyo de un fondo de fomento europeo, en 1991. Es otro indicio de que estas nuevas formas de producir forman parte del Nuevo Cine. Los aportes económicos vinieron a legitimar la calidad del cine argentino. Los principales fondos que han financiado y difundido el cine argentino son Fonds Sud Cinéma (Francia), Huber Bals Fund (Holanda) y Visión Sud Est (Suiza) y en menos medida el World Cinema Fund que el Festival de Berlín lanzón en 2004.

El principal interés de Europa en producir o apoyar cinematográficamente a países de Latinoamérica es meramente económico, además de crear otro bloque para debilitar y competir con la industria Hollywoodense. Para el mercado europeo es un buen negocio quedarse con los derechos de la película para su país, sólo algunos exigen que de haber ganancias internacionales el fondo tiene derecho al recupero de su ayuda.

Coproducir con Argentina, Venezuela, Colombia, Peru, etc, es un negocio que para los europeos no tiene riesgo. Sólo la venta a la televisión les deja mucha plata.

Octavio Nadal, gerente de marketing de Patagonik, explica que es muy común en el cine argentino que por conseguir la última parte de la financiación se entregan territorios, o incluso los derechos de explotación para el resto del mundo y de esa forma, por el sólo hecho de salir a filmar, se van clausurando posibilidades de recuperar la inversión. Patagonik filmó el 80 % de sus 53 películas en coproducción con España. Hoy, post devaluación, hay cierta inequidad ya que tienen un costo de producción muy bajo venir a filmar a la Argentina.

La cinematografía Latinoamericana sufre el oligopolio del mercado internacional que ejerce la “Motion Picture Association”, segunda industria de importancia en cuanto a exportaciones y poder de los Estados Unidos. La idea es lograr un sistema de coproducción entre países Latinoamericanos, que los diversos aportes estatales pudiesen complementarse. El problema inicial es que no todos los países tienen Ley de Cine, eso implica que muchos carezcan de fondos estatales y por ende carecen de cine. Y de esa forma es muy difícil lograr coproducciones con nuestros países vecinos, y el fondo argentino no está en condiciones de fomentar el resto de la cinematografía latinoamericana.

Es evidente que el tema de la coproducción es muy complejo para tratarlo en un simple artículo; sin la ayuda del INCAA no se puede. Sólo con el INCAA, tampoco (Hugo Castro Fau / Lagarto Cine) .

La Argentina es uno de los pocos países latinoamericanos en condiciones de ofrecer servicios de coproducción. Hay en el país muy buenos técnicos y muy buenos actores. El problema no son las películas argentinas, sino el mercado. Las reglas del juego (Liliana Mazure / Arca Difusión).

 

Bibliografía

Guido Herzovich. Páginas 40 –43, Haciendo Cine. Año 10. Mayo 2006.

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