Las ganas de producir

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Entrevista con Rosendo Ruíz, director de De Caravana

Las ganas de producir

Desde hace un par de años existe un movimiento en el interior del país que algunos llaman Nuevo Cine Cordobés. En ese grupo se encuentra De caravana, una película que instala todo un antecedente para el cine que existe fuera de los márgenes de Buenos Aires. Es un cine hecho acá nomás, que no se siente intimidado por el circuito predominante que impone la capital del país, que vive en sus calles y que no tiene miedo de andar contando historias con tonada propia. Esa inmediatez y frescura le permitió mantenerse en el circuito de Córdoba durante mucho tiempo, con excelente respuesta de público, y ser reconocida en varios festivales internacionales. Rosendo Ruíz, el director de la película, estuvo por Río Cuarto en ocasión del estreno y Gastón Molayoli  tuvo la posibilidad de conversar con él.

 

Hace un tiempo comentaste en una entrevista que la producción de esta película implicó dos instancias: una pasaba por entender los mecanismos del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) y la otra se relacionaba con encontrar colaboración en Córdoba. ¿Cómo se fue dando el proceso?

Esas dos cosas se articularon muy bien. Por un lado, Córdoba ya estaba necesitando que se empiecen a filmar películas allá, por toda la comunidad de profesionales que hay. Cuando salió el proyecto había muy buena voluntad, muchos donaron y prestaron cosas. Todos entendieron la importancia de que se genere esta movida. Además, después de hacer el mediometraje Una manga de negros, que había sido bancada toda por mí, me dije a mí mismo que al próximo proyecto, por más que me lleve mucho tiempo lo tenía que hacer a través del INCAA.

La experiencia de tu película es todo un antecedente para aquellos realizadores que quieren empezar a producir desde Córdoba. En estos dos últimos años hubo toda una camada de directores cordobeses que estrenaron sus películas y eso generó todo un fenómeno que algunos empezaron a llamar Nuevo Cine Cordobés. ¿Qué es eso?

Para mí lo único que nos une son las ganas de producir, pero las producciones desde lo formal y lo estético no tienen nada que ver. Eso me parece muy bien porque habla de diversidad. Lo que está bueno es que abre un juego en el que ya hay gente capacitada para todos los rubros. En De caravana no quisimos traer a nadie de afuera: todos los actores y todos los técnicos son de Córdoba y eso es muy bueno.

La película recorrió festivales internacionales y ganó el premio del público en el Festival de Mar del Plata. Hace un tiempo, el crítico de La Voz del Interior Roger Koza comentó que en el Festival de Hamburgo algunos espectadores y críticos establecían una relación entre tu película y algunos rasgos del cine de Almodóvar. ¿Cómo viviste ese vínculo? 

Por un lado me halagó, si bien lo que hizo últimamente no me gusta mucho (me interesa el Almodóvar de Matador, Atame y Mujeres al borde de un ataque de nervios). Lo mismo sucedió con Tarantino, algunos establecieron también esa relación en otros Festivales. Puede ser que haya una relación porque cuando yo estaba escribiendo el guión me gustaban mucho estos dos directores, pero con el paso de los años, empecé a disfrutar de directores un poco más radicales.

¿Por ejemplo?

Uno de los referentes, y con quién me siento mas identificado, es John Cassavettes. También me gusta el cine oriental de Hong Sang Soo, Jia Zhang Ke, Hou Siao Sien y Abbas Kiarostami, un cine de de planos más largos. Dentro del cine norteamericano actual me encanta Clint Eastwood.

Hablás de directores contemplativos, sobre todo en el caso de Kiarostami y Jia Zhang Ke. Cuando se habla de Nuevo Cine Argentino, ¿dónde te encontrás?  

De lo que se llamó el Nuevo Cine Argentino a mi me encanta Lucrecia Martel, Adrián Caetano y sobre todo Lisandro Alonso. Pero al principio el gran desafío de esta película era volver a los géneros. Me interesaba llegar al público y no hacer una película sólo para festivales. Yo quería que le guste a mi tía, a mi sobrino y a la gente de la vuelta de mi casa.

¿Cómo estuvo el estreno en Buenos Aires?

Estuvo muy bien, pero nuestro mayor interés fue siempre, desde el principio, el estreno en Córdoba Capital. Era muy significativo para nosotros porque los compañeros de generación como Santiago Loza o Liliana Paolinelli, hace un tiempo se fueron a Buenos Aires para filmar allá y yo me resistía. Tenía que dejar mi casa, mis afectos, mi novia para hacer cine allá. Me quedé, y por suerte las cosas se abrieron y pudimos filmar. Por eso le pusimos muchas fichas al estreno en Córdoba, a pesar de que todos nos decían que no era una buena idea. Yo les decía que no me importaba, que era una película cordobesa y que no tenía sentido estrenarla en Buenos Aires. Y por suerte nos fue bárbaro, metimos veinte mil personas en ocho semanas y ahora reestrenamos en dos salas.

¿Cuáles son los proyectos que siguen?

Estamos trabajando con Alejandro Cozza en un guión que, como nos entregamos a la distribución de la película, no avanzó tanto como yo quería: se trata de un film noir de los setenta sobre los inicios del cuarteto en los márgenes de Córdoba, y con algunos personajes que se mueven en la delincuencia.

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